«Salimos de allí como ratas»

E.?V. Pita

VIGO CIUDAD

Dos gamberros provocan un incendio que arrasa un edificio de siete plantas de Vigo y obliga a doce vecinos a huir entre llamas por el garaje.

23 ago 2009 . Actualizado a las 02:42 h.

Dos gamberros que se apearon de un coche e incendiaron material plástico para una obra provocaron un fuego que calcinó la fachada y los salones de un edificio de siete plantas en la calle viguesa Jenaro de la Fuente, número 6, a las seis de la madrugada de ayer. El siniestro atrapó dentro a entre siete y doce personas, que en ese momento dormían y que lograron huir por el garaje entre llamas y un denso humo.

Afortunadamente, la mayoría de los doce pisos estaban vacíos porque sus ocupantes disfrutaban del fin de semana en su segunda residencia. La extensa columna de humo negro alcanzó el séptimo piso y obligó a desalojar a los vecinos de los inmuebles colindantes mientras las elevadas temperaturas reventaban los cristales y placas de tuberías de los edificios de enfrente. El Concello ha realojado a decenas de afectados en hoteles de la ciudad. También resultaron dañados una farmacia, un videoclub, una papelería, las oficinas de la entreplanta y un quiosco.

Todo empezó a las seis de la mañana de ayer cuando un matrimonio se despertó para dar el biberón a su bebé y oyó el fuerte chirrido de los neumáticos de un coche con el tubo de escape picado y, segundos después, vio el resplandor en las ventanas. «Fue intencionado, eso es fijo. El coche paró y luego arrancó», dice el testigo. El fuego, posiblemente provocado por dos gamberros, que al parecer fueron grabados por una cámara, calcinó una montaña de moldes de plástico apilados el pasado jueves frente al portal. El material sirve para encofrar el techo del aparcamiento subterráneo de Jenaro de la Fuente, calle que fue noticia en enero del 2008 por un doble accidente mortal. Una bola de fuego se extendió por toda la fachada de un edificio construido hace 14 años y que en 1996 recibió el premio de arquitectura Aproin.

Pánico

Ana María y su novio Williams, vecinos del quinto, se despertaron con el resplandor, y vieron las llamas ascender por la galería del salón. «Me asomé y grité: ¡A correr!», dice la joven. La pareja bajó por las escaleras y golpeó las puertas para avisar. Alertaron a su prima, Laura, del segundo, pero ella retrocedió para buscar su móvil. Las llamas y el humo los disuadieron. El paso por el portal era imposible y la puerta de emergencia estaba cerrada. «Dije que aquí nos moríamos pero, entonces, se te pone el chip y reaccionamos. Suerte que Laura llevaba las llaves del garaje y salimos», dice Williams.

Un matrimonio del segundo piso, también atrapado, huyó por el ascensor del garaje. «Rezamos para que se abriese el portalón, salimos como ratas, era un infierno», relató una afectada.