El septuagenario de Coristanco que acabó con la vida de su esposa el viernes por la tarde ingresó ayer en el centro penitenciario de Teixeiro acusado de un delito de asesinato.
El presunto homicida declaró por espacio de una hora en el juzgado de Carballo que instruye la causa. Ramón Iglesias González, de 77 años, llegó al centro judicial a las doce en punto de la mañana y abandonó la sala minutos después de la una de la tarde. En el traslado desde el cuartel coruñés de Lonzas, en el que pasó la noche recluido, lo acompañaron únicamente dos agentes a bordo de un coche patrulla convencional con los cristales tintados. A su llegada al edificio de la plaza do Outeiro tampoco lo esperaba ningún familiar ni conocido.
El supuesto asesino necesitó la ayuda de los guardias para salir del coche y cubrió los escasos cinco metros entre el vehículo y la puerta del juzgado apoyado en un bastón mientras se tapaba la cara con el chaleco que llevaba puesto. Este hecho motivó los comentarios de la media docena escasa de clientes que había a esa hora en el bar contiguo al edificio, que no lograban entender cómo un individuo con esos problemas de movilidad pudo cometer un crimen tan horrendo como el que él mismo confesó.
Ninguna de las partes presentes en la vista quiso comentar detalle alguno sobre la declaración del acusado, aunque, según aseguraron fuentes de la investigación, Iglesias González no desmintió la versión de los hechos que les había ofrecido a los agentes de la Policía Nacional de A Coruña que lo detuvieron después de que se entregase, y mantuvo una postura de total indiferencia respecto a lo sucedido.
Murió a las 14 horas
La capilla ardiente de Ubaldina Pazos López, de 74 años de edad, quedó instalada ayer en el tanatorio de Carballo, después de que los servicios funerarios trasladasen el cuerpo desde el Complexo Hospitalario Universitario A Coruña, donde le fue practicada la correspondiente autopsia.
Los detalles del informe forense están protegidos por el secreto de la investigación, aunque, según se desprende del primer examen médico efectuado en el propio lugar del crimen, la víctima perdió la vida sobre las dos de la tarde del viernes, con toda probabilidad a causa de los severos traumatismos que le produjeron los golpes en la cabeza con un objeto contundente.
Según señalaron fuentes cercanas al caso, ese objeto pudo ser una maza que los agentes de la Policía Judicial habrían recuperado en el escenario del crimen.
Tanto la mujer que localizó el cuerpo de su amiga cuando iba a buscarla para salir a pasear como el resto de los vecinos del lugar de O Piñeiro mantienen su silencio sobre las circunstancias en las que se produjo el crimen, aunque, según comentaron varios de ellos, las discusiones, como la que al parecer desencadenó la tragedia, eran frecuentes en el seno de la pareja. La relación entre el presunto asesino y su esposa no era buena y, de hecho, habían pasado una larga temporada separados antes de volver a convivir en el domicilio familiar.
Ubaldina Pazos López, que tenía ocho hijos, será enterrada hoy a las seis de la tarde en el cementerio de la parroquia coristanquesa de San Paio, de la que era natural.