La Xunta anticipó ayer una política de mano dura con los incendiarios, a los que mandó un mensaje inequívoco. «Nin veciñanza nin amizade poden ser escusa para a non denuncia de quen queime o monte», manifestó el director xeral de Montes. «Espero que caia todo o peso da lei sobre esas persoas», indicó Fernández-Couto.
La perspectiva del representante del Gobierno gallego, que no se adentró en esta comparecencia en las posibles causas estructurales de los incendios en la comunidad, es «que a poboación axude cada vez máis a localizar aos pirómanos». «Ninguén pode alegar descoñecemento da norma, non se pode utilizar o lume en todo o verán, queimar é delito e a neglixencia non é desculpa», insistió el director xeral de Montes.
Perfil del incendiario
El perfil del incendiario gallego es el de un hombre de mediana edad, que actúa en solitario, no está integrado socialmente, es reincidente y apenas desliza datos que revelen la intencionalidad del siniestro, según se recoge en uno de los últimos informes realizados por la Fiscalía del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG).
Esta institución puso de relieve en su momento la existencia de un nuevo fenómeno entre los incendiarios, consistente en actuar cerca de núcleos poblacionales y urbanos. «Por eso este año hubo más colaboración ciudadana para detenerlos», subrayó hace unos meses el fiscal jefe del TSXG, Carlos Varela, quien insistió en que la cuestión radica en la existencia de pruebas para procesarlos.
La Fiscalía descartó en ese informe de referencia que hubiese una trama organizada detrás de los incendios del verano del 2006, que arrasaron 82.000 hectáreas, y en cuyos efectos se basa ahora la Xunta para incrementar el operativo de este año. Las llamas amenazaron aquel fatídico año a más de un millar de núcleos de población.
Doce meses después el trabajo de la Fiscalía rebajó la intencionalidad de los incendios del 87 al 60%. En la investigación de la Guardia Civil se aprecia que los intereses económicos no son mayoritarios entre los incendiarios, excepto en ocasiones puntuales, al igual que las venganzas entre vecinos, que tampoco se sitúan en lugar preeminente.
Más que en el 2008
En lo que va de año, el fuego arrasó 1.135 hectáreas de superficie arbolada. A 31 de marzo, en Galicia habían ardido un total de 5.673 hectáreas, de las que el 80% eran monte bajo. En noventa días los efectos del fuego fueron más devastadores que a lo largo del pasado año.