Un hombre se quemó al estallar un aparato antiincendios hallado en el monte A Curota

GALICIA

04 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las decenas de personas que a diario suben al monte A Curota suelen bajar asombradas; la fauna salvaje y las vistas a la ría de Arousa y a la de Muros y Noia desde la sierra barbanzana dejan con la boca abierta a cualquiera. Juan José Martís Pérez, un vecino de A Pobra, también regresó de la montaña anonadado el pasado día 25. Sin embargo, su sorpresa no tenía nada de idílica. El hombre volvió a casa buscando un médico después de topar un aparato antiincendios tirado en el monte, manipularlo y ver cómo saltaba por los aires provocándole quemaduras de segundo y tercer grado en las manos.

Martís acudió ayer al cuartel de A Pobra a contar su historia. Quería denunciar que el día 25, cuando buscaba setas en el monte, halló en el suelo una especie de cantimplora de plástico anaranjada con un cordel, tirada al lado de una caseta donde en verano hay vigilantes. Según explicó, la curiosidad lo empujó a tirar del hilo mientras se fumaba un pitillo. Entonces, ocurrió lo peor: el aparato estalló y él sufrió las lesiones que lo llevaron a visitar el médico y que aún le hacen lucir una venda en una mano.

La rapidez con la que sucedió todo propició que no se fijase si en la zona había más artefactos de este tipo ni por qué el dispositivo permanecía tirado en medio del monte. Sin embargo, ayer, tras poner la denuncia, regresó al lugar y descubrió que había hasta tres objetos similares desperdigados por la zona. Alertó a los agentes, y así fue como se desencadenó la operación.

En una caseta

Al mediodía, miembros del instituto armado de A Pobra y Boiro precintaron el área. Aunque la investigación sigue abierta, solo con oír las conversaciones de los agentes uno se imaginaba lo sucedido. Todo parece indicar que los tres dispositivos -unos aparatos que se usan para apagar incendios y que estallan al entrar en contacto con el fuego- estaban guardados en una caseta de vigilancia forestal. El problema es que la puerta está rota, con indicios de haber sido destrozada, y que es probable que quien la forzó desperdigase estos aparatos por el exterior.

De esta forma, la nómina de heridos pudo ser más amplia. No en vano, los artilugios explosivos estaban tirados casi al lado del mirador al que cada día suben decenas de turistas. Precisamente, dada la peligrosidad de estos dispositivos antiincendios, al cierre de esta edición se esperaba que un equipo de técnicos especialistas en desactivación de explosivos (Tedax) se desplazase hasta el monte para llevarse estos artefactos.