Aunque la bomba no fuese excesivamente sofisticada, en medios relacionados con la investigación se le concede más importancia que al simple petardo. La única referencia sobre su autoría se limita a la constatación de que en la Comisaría de Policía de Santiago se recibió un escrito de «antipizarra@ozu.es» en el que, según la Subdelegación del Gobierno de Ourense, «se hacía referencia al lugar en el que había sido colocado el artefacto». El correo electrónico se recibiría con posterioridad a su completa desactivación.
El hecho de que alguno de los socios principales de Pizarras Galegas tengan también intereses económicos en el País Vasco hizo que en un primer momento se considerase la posible intervención de ETA, una opción que no ha quedado totalmente descartada, a la espera de que se matice el tipo de explosivo empleado.
La ausencia de llamadas telefónicas que alertasen sobre la presencia de la bomba, sin que tampoco, al cierre de esta información, se hayan producido una reivindicación clara del fallido acto terrorista, es algo que tampoco ayuda a la hora de determinar la autoría de esta acción. En medios conocedores del caso y de la investigación se apunta a algún grupo terrorista que trata de consolidarse en Galicia.
En la comarca se descarta, por otra parte, que detrás del frustrado ataque puedan existir razones de empresa, pues las relaciones entre la sociedad y los trabajadores, como también con proveedores y demás firmas del sector, son correctas y sin mayores tensiones.