Agradece el apoyo de los conselleiros del BNG después de criticar a puerta cerrada la «rede clientelar» nacionalista
27 jul 2008 . Actualizado a las 02:47 h.Emilio Pérez Touriño asumió ayer el reto de recabar la confianza mayoritaria del electorado en las próximas autonómicas como líder del PSdeG, cargo que renovó por cuatro años más con el apoyo del 97,37% de los 456 delegados que votaron en el undécimo congreso que el partido celebra en Santiago. En su alocución tras su cuarta aclamación, con seis puntos más de respaldo sobre los que obtuvo en el cónclave del 2004, el secretario xeral de los socialistas gallegos alentó a los suyos a emplear toda su energía para alcanzar «o obxectivo ambicioso de ter a confianza maioritaria do pobo galego».
Touriño, que se confesó «non abrumado, pero si emocionado» por su reelección, trasladó un elocuente reconocimiento al equipo de Gobierno, que extendió incluso al área nacionalista del bipartito. «Grazas a todos os membros do Goberno, aos que representan ao PSOE e aos que non», manifestó, quizá para contrarrestar la pulla que había lanzado minutos antes a sus socios nacionalistas. Durante el debate a puerta cerrada del informe de gestión, que fue aprobado por unanimidad, Touriño metió al Bloque en el mismo saco que al PP, en cuanto a que las dos formaciones «miran o carné» y comparten una «rede clientelar», mientras los socialistas, reivindicó, trabajan para todos. En cambio, ya desde la tribuna, aludió de pasada al «clientelismo», pero solo para denostar la etapa de Fraga, y valoró que todos los conselleiros, sin distinción en su adscripción política, «me apoian, traballan, se deixan a pel e son o mellor Goberno de Galicia».
Con más ilusión que en 1998
En el estreno de su renovado liderazgo, Touriño evitó ponerle plazos. Todo lo contrario. Mostró su disposición «para seguir asumindo retos» mientras quiera su partido. Confesó al respecto que ahora tiene «máis gañas e ilusión» que cuando fue designado para llevar las riendas del PSdeG por primera vez, en el congreso extraordinario que se organizó en Ourense en 1998.
Touriño imprimió a su alocución de un marcado tono personal. Dio las gracias a los militantes y delegados por el «caudal intenso e inmenso de confianza que me volvedes dar. Só por iso paga a pena estar en política», anotó. Y hasta compartió con el auditorio un agradecimiento a su esposa, Esther Cid, presente en el auditorio.
Más incisiva por su calado político fue su primera intervención en el congreso, en un discurso de apertura que prolongó casi una hora. Contrapuso la trayectoria de un PSdeG cuyo espacio electoral no ha dejado de crecer en los últimos ocho años -del 20 al 40,7% de los votos- frente a un PPdeG «en declive continuo». «Esfumouse aquel sono da Baviera galega», dijo a modo de epitafio del fraguismo. Propugnó que los socialistas han consolidado un cambio que se traduce «nunha nova forma de gobernar», que sintetizó en «un presidente que cumpre os seus compromisos, un Goberno que responde do seu programa de progreso e unha Galicia con máis peso en España, en Europa e no mundo». Por ello, sostuvo, a modo de balance de los tres primeros cursos de la legislatura, que el PSOE puede «acudir diante do tribunal da sociedade galega coa cabeza ben alta».
Y ese refrendo llegará, como es obvio, en las autonómicas. Más allá del repaso a la gestión del bipartito, Touriño repasó algunas ideas del guión de la precampaña socialista, y describió a Núñez Feijoo como «prisioneiro da matriz de Génova» en la negociación del Estatuto y «cómplice» en la campaña contra el gallego.