Un matrimonio se negó a abandonar el edificio con su dueño en la puerta
17 jul 2008 . Actualizado a las 12:31 h.Un grupo de obreros tapiaron ayer las puertas de los bajos y edificios de tres inmuebles de la calle Santa Lucía de A Coruña que estaban siendo ocupados irregularmente por una veintena de personas. Se trata de los números 11, 10 y 9 de la vía, aunque quedaron sin bloquear el número 8 y el 8 bis, al negarse sus moradores, dos matrimonios de nacionalidad portuguesa, a abandonar las viviendas, uno de ellos con el dueño en la puerta.
El resto de los ocupantes irregulares que residían allí ya habían abandonado las casas el día anterior, o bien a primera hora de la mañana cuando llegaron los obreros. Es el caso Jose Manuel Darrocha, tras tres años en el número 11. «No me avisaron de nada. Vinieron y me dijeron que saliera. Tuve que hacer las maletas. Las dejé debajo del puente -indicaba al viaducto del Generalísimo- y ahora tendré que dormir allí».
Manuel López, una de las tres personas que tapiaban los edificios, comentó que los ocupantes se fueron sin crear problemas. En la calle paralela, Fernández Latorre, otra cuadrilla colocaba rejas metálicas en los bajos y portales de los inmuebles del número 32 y 34. Un vecino, al ver el modo en el que se estaban haciendo los trabajos, avisó a la policía y se detuvo la colocación de las rejas.
Entre el vecindario existe división de opiniones al respecto. Emilia Seoane vive en la calle Fernández Latorre y su patio de luces da a las viviendas ocupadas. Recriminaba a los propietarios de los inmuebles el estado de abandono: «Yo vi cómo tiran orines por la ventana porque no tienen agua. También echan basura al patio y eso genera un olor tremendo».
Elisia Viga, otra de las residentes, lo asocia a la delincuencia: «Desde que esto se llenó de okupas , le robaron a la chica del primero de mi casa». Además considera que la situación genera un peligro latente: «Un día de madrugada había como un olor de cocer chorizos. Por las tardes hacen fuego y es muy peligroso. Dicen que tienen bombonas». En sentido contrario se manifiesta Isabel Vázquez, que considera que existen intereses especulativos en la zona: «Nunca hubo ningún problema con la gente que vive ahí. Esto son todos intereses especulativos, dejan caer una vivienda para poderla declarar en ruinas, derribarla y luego edificar un edificio más grande». Otra vecina, que vive justo enfrente de las casas ocupadas y rehúsa dar su nombre, señaló que se veía a «chicos muy normales saliendo a veces con chatarra, pero nunca hubo nada de trapicheo ni nada molesto. Jamás tuve miedo de andar por aquí por la noche».
En la misma línea se manifiesta Juan Iglesias, el presidente vecinal de Cuatro Caminos: «Iban por la noche, apenas hubo quejas en el barrio por ello».