Bosé apenas se dejó ver ayer en la ciudad, a donde llegó para asesorarse sobre su posible incursión en la moda
09 jun 2009 . Actualizado a las 19:39 h.Llegó a Ferrol sin publicidad y así pasó la jornada, lo más desapercibido que sus más de treinta años de carrera musical le permitieron. Miguel Bosé, también conocido desde el 2007 como Papito -el mismo nombre que le dio a su último disco, con canciones a dúo con afamados artistas- inició la mañana en Indipunt, la fábrica de prendas de punto que tiene Inditex en Narón, en donde se reunió con un empresario del sector textil de la comarca.
El hecho de que no estuviera de visita oficial en la factoría ayudó a que pasara desapercibido. De hecho, algunos trabajadores que cumplían ayer con su turno de mañana ni siquiera sabían que el ídolo de las quinceañeras en los 70 y 80 se encontraba a pocos metros de ellos.
Al autor de las almibaradas Linda o Morir de Amor o la de miles de veces coreada Bandido no le agradó la posibilidad de que su visita a la ciudad se tradujese en un artículo de prensa. Tras viajar en un todoterreno con las lunas traseras tintadas, a resguardo de miradas indiscretas, y a la entrada del restaurante O Parrulo, contestó con semblante muy serio que su estancia en Ferrol se debía a «motivos personales», e hizo lo que pudo para esquivar las fotos.
Sin embargo, otras fuentes del ámbito empresarial apuntan a que detrás de la visita de Bosé se encuentran los negocios. El cantante y actor podría estar sopesando el lanzamiento de una línea de ropa propia y habría acudido a la ciudad naval para asesorarse sobre el proceso de creación.
Desde Rosa Lagarrigue Management (RLM), la empresa que representa al artista, tampoco se quiso aclarar los motivos de la estancia de Miguel Bosé, aunque descartaron que el viaje estuviese planificado en su agenda profesional, marcada estos meses por la preparación de su nuevo disco.
Vestido con unos vaqueros y una chaqueta de punto azul, el cantante, que ya peina canas, se dejó tentar por el mejor marisco gallego en el establecimiento de Julio Martínez, en donde, pese a intentarlo, no pasó desapercibido. De hecho, fue requerido en varias ocasiones para hacerse algunas fotos con comensales de mesas próximas, a los que atendió.
También antes de abandonar el local, cuando faltaban diez minutos para las cinco de la tarde, subió a la nieta de su anfitrión a los hombros para posar ante la cámara del orgulloso papá.
Tras el almuerzo, y antes de abandonar la ciudad, lució semblante más relajado, aunque únicamente accedió a asegurar que había comido «muy bien» en Ferrol.