El ordenado latido del «Atalaya»

TEXTO A. Vellón FOTOS Marcos Creo

FERROL

28 may 2009 . Actualizado a las 11:37 h.

El patrullero Atalaya navegaba ayer por la mañana con un ordenado latido para participar en las maniobras de la Fuerza de Acción Marítima. Las variadas actividades en su interior -desde la cubierta al puente de mando pasando por la cocina- se sucedían con una acelerada y, al tiempo, bien distribuida cadencia.

Veterano de la guerra del fletán, el buque -cuarto y último de la clase Serviola y entregado a la Armada por la antigua Bazán en 1992- ha prestado muchos servicios ya de apoyo a pesqueros, de lucha contra el narcotráfico y, recientemente, del control de la inmigración ilegal en aguas del archipiélago canario.

De que por sus características navegando se mueve, y mucho, daba testimonio el vaivén de las sillas en un camarote. Y que muchos de los obsequios que adornan mesas están sujetos en su base con un material adhesivo. Y también el segundo de a bordo, el teniente de navío Javier Santa Pau. «Algunos marinos nuevos, los primeros días, lo pasan mal. Pero todo es costumbre», señala.

Es en la actualidad el capitán de corbeta Jesús Otero el comandante de una nave de 68 metros de eslora por 10,33 de manga y, entre otras características, una cubierta de vuelo que permite el aterrizaje de helicópteros medios. Ayer trasladaba en sus tripas a los 48 soldados que componen su dotación máxima.

Sus pasillos están teñidos del tradicional gris marino y de numerosos cuadros dedicados por los mandos de muchos otros buques que agradecen su colaboración en misiones o ejercicios, así como retratos de familia de tripulaciones anteriores.

Cuando toca el intercambio de pesos ligeros entre patrulleros con el Marola, su cubierta comienza a llenarse con una quincena de tripulantes bastante tiempo antes. El material está preparado y hay que disponerlo. Un mando explica la operación y las medidas de seguridad a tomar antes de ejecutarla. Luego, se hace.

¿Y en el tiempo de descanso? Según preferencias. Ayer había bastantes ganas de poder ver por la noche, en el mar, la final de la Champions entre Barcelona y Manchester. Tal y como relataba Santa Pau, no faltan las tradicionales partidas de cartas, el tute... Salvo cuando el mar se enerva. Ahí se prefiere descansar, si se puede. Las costumbres también van variando dentro del buque y ganan terreno los juegos de videoconsola... Retazos de la vida, intensa, que hay dentro del patrullero.