La investigación del suceso de Covas mantuvo en vilo a los vecinos mientras la policía recogía las últimas pistas y los forenses trabajaban en los sótanos del Marcide
10 sep 2008 . Actualizado a las 12:14 h.El enorme despliegue policial que envolvió el lugar en el que aparecieron los cuerpos descuartizados de Claudia Alejandra Castelo Castro y José Manuel Gómez Rodrigo se disolvió tras una noche de locos, de recogida de pruebas bajo los focos. A las diez de la mañana solo un coche patrulla de la nacional vigilaba las lonas de la infantería de marina que cubrían el descampado de Covas, para preservar las pruebas de la lluvia, donde pocas horas antes habían trabajado forenses, policías científicos, bomberos, un juez... alrededor de los restos de dos personas repartidos en bolsas, un bidón y una maleta. Todos habían desaparecido por la mañana. En su lugar había unos cuantos coches y cuatro furgonetas de productoras de televisión, equipadas con grandes antenas parabólicas para narrar un suceso del que allí solo quedaban restos, y que al mismo tiempo ensombrecía el norte peninsular con la detención en Ribadeo de los presuntos autores: Manuel Antonio Prado Ribera y Adriana Amoedo Carreira, afincados en Betanzos y naturales de Carnota y Asturias respectivamente.
En el lugar del hallazgo casi no quedaban ya ni curiosos. El único a las 10.30 horas era un hombre mayor, con gafas, pelo cano peinado hacia atrás, paraguas y camisa a rayas. Con todo el aspecto de vecino de la zona de toda la vida. Sonrió al ver regresar la furgoneta de un equipo de televisión. «Foron buscar á Fandiño de A Modia. Foi ela quen atopou os corpos onte, pero ten prohibido falar e xa botou a outros antes», explicó.
La vecina que los encontró
Los rumores sobre la identidad de la persona que había encontrado los cuerpos se sucedieron desde las ocho de la tarde del lunes, cuando la policía, los forenses, el juez y todos los demás tomaron el descampado de Covas. Por la mañana, todo apuntaba a que se trataba de una vecina de Esmelle, y poco a poco la búsqueda se cerró en torno a la señora Fandiño, que al alertar a la policía hizo una contribución incalculable para la detención por la Guardia Civil de los presuntos autores del crimen.
La «Fandiño» a la que se refería el vecino de gafas no era la de A Modia. La que sí había visto los cuerpos vivía en otra parroquia de Esmelle y, efectivamente, no aceptó hablar de lo sucedido. «Mire, miña nai non vai falar con ninguén do que pasou», indicó un joven que acababa de salir de casa para trabajar. «Ela ía no coche, viu algo raro e atopou iso. Chamou á policía canto antes. Non foi algo para contar e vai chegando xente e máis xente para preguntarlle... pero, en serio, non vai falar con ninguén», concluyó el chico.
Nuevos detalles del hallazgo
La versión del joven corregía algunos detalles de los que circulaban por la zona. Insistió en que su madre iba a pie y sola, en contra de lo rumores que decían que iba acompañada de un niño pequeño, el mismo que observaba a los visitantes desde la ventana del primer piso del inmueble, entre los adornos de la galería.
Cerca de las 11.40, la policía nacional hizo públicas las identidades de los dos cadáveres encontrados en Covas. Apenas 20 minutos después debía comenzar la autopsia en los sótanos del Hospital Arquitecto Marcide. Pero no fue así y la operación se retrasó una hora.
Lo que sí ocurrió al mediodía es que la policía volvió al lugar de los hechos para recoger más muestras. También desvelaron lo que quedaba a esas alturas del crimen bajo las telas de la infantería de marina: nada. Hojas de eucalipto aplastadas, algunas ramas, tierra removida, pisadas... pero nada que vinculase al lugar con lo que una vecina descubrió allí apenas 16 horas antes.
Los forenses en el Marcide
Casi a la una de la tarde en punto, el equipo de forenses encargado de practicar la autopsia a los dos cuerpos llegaron a la zona de Urgencias del Arquitecto Marcide. Lo hicieron en tres coches: un turismo, un todoterreno azul cobalto con una identificación de la policía nacional en el salpicadero y un modesto utilitario rojo que suelen emplear los forenses de Ferrol, con su identificación de «Juzgado de Guardia». Los siete especialistas bajaron a los sótanos del hospital, una zona de acceso restringido, limitándose a indicar que eran los forenses y que no les acompañaba ningún familiar.
A esas horas ya se sabía que la Guardia Civil había detenido a los dos sospechosos en Ribadeo. Poco antes de que se supiese, el PP exigió una reunión de la Junta Local de Seguridad para extraer conclusiones del «macabro crimen de A Bailadora». El organismo se reúne de forma periódica cada fin de mes.
A esas alturas la tensión en Covas y Mandiá se disolvía tras horas de espera. Como sospechaban los vecinos, ningún implicado era de la zona. Con todo, la sensación de ahogo tardará en alejarse. «Estamos más tranquilos, pero me sigue resultando muy extraño todo lo que ha pasado», señaló Manuel Cereijo, presidente de los vecinos de Covas, todavía sorprendido «por las circunstancias de un crimen tan sangriento, con una crueldad que parece de película».
Cereijo confesó que se sentirá mucho más tranquilo «si la policía resuelve por completo todo lo que ha pasado, creo que todos nos alegraríamos sí lograsen esclarecer como es que una gente sin ninguna conexión con la zona terminó por traer aquí los cuerpos. Es algo extrañísimo», subrayó. En Mandiá y Esmelle el ambiente era similar. «Es increíble que acabasen por llegar hasta aquí», señaló Paulino Gasalla, de la asociación vecinal de la segunda parroquia.