«Cuando aprendí a hablar tenía acento gallego», afirma Claudia Moro Fernández (Santiago de Compostela, 1985). A esta joven, candidata española al título de Miss Universo, le sentaron muy bien los aires gallegos que respiró durante sus dos primeros años de vida. «Mi padre, leonés, es veterinario y su primer destino fue Feiraco, empresa de la que sigue siendo socio. Yo nací en el Sanatorio de la Esperanza, en el campus», cuenta tras consultar los detalles a sus progenitores, que en aquella época vivían en la compostelana avenida de Vilagarcía. Dice que su madre, que trabajó de profesora en un centro educativo de Ames, no se acuerda del nombre de la guardería a la que la mandó, pero «cree que estaba detrás de la iglesia del Pilar».
La semana pasada presentó el vestuario que lucirá en la prueba de belleza internacional, y en varias entrevistas que concedió hizo referencia a su origen gallego, a pesar de que aquí ni siquiera llegó a acabar el primer curso en una escuela infantil. «En mi carné de identidad pone que soy de Santiago y, además, durante años veraneamos en Carnota», recuerda Claudia, que quedó en segundo lugar en el certamen de Miss España representando a la comunidad de Madrid, pero que accede a Miss Universo porque la que fue ganadora no tiene la edad suficiente. «Los días previos a la final nacional compartí habitación con Miss Lugo. Así que todo me vincula a Galicia», apunta sonriente.
Sus 180 centímetros y las medidas de vértigo, 93-65-94, la sitúan entre las favoritas. Estudia Administración y Dirección de Empresas. «Que no deje los estudios. La belleza no dura toda la vida», comenta pragmático el padre, Francisco Moro, que guarda mucha relación con Galicia porque su padre, también veterinario, trabajó como tal en la localidad de Tomiño. El 14 de julio, en Vietnam, sabremos si la niña que lloró por primera vez en un hospital de Santiago derrama lágrimas de emoción con sabor gallego al ser elegida la más guapa del planeta.