Lo prometió y, un día antes de lo previsto, lo cumplió. Luis Moya -sí, sí, el de Carlos Sainz, los rallies y «arráncalo por Dios»- cruzó el jueves el estrecho de Gibraltar a nado. No batió el récord de David Meca porque lo suyo no era una carrera contra el tiempo, sino a favor del compromiso y en homenaje a su padre. En agosto, el campeón mundial se propuso asumir el reto para recaudar fondos a beneficio de la Cocina Económica de A Coruña, entidad que Luis Rodríguez Lago presidió hasta su muerte.
«Fue mucho más duro de lo que pensaba -confesó ayer Moya desde Tarifa- porque se complicó el día, se levantó un viento de levante terrible y lo que con brisa normal sería una distancia de 16 kilómetros terminó convirtiéndose en 24,5». Sabía, explicó ya relajado, que en una buena jornada los 14.000 metros en línea recta que nos separan de África podían nadarse en poco más de tres horas, y nunca se imaginó «que iba a hacer diez kilómetros más y necesitar cinco horas y 35 minutos». A 4,3 kilómetros por hora, una marca sin podio que, en palabras del velocísimo copiloto gallego, le hace sentir muy bien.
Si en la organización del paso tuvieron mucho que ver tres navegantes, Sergio Juane, Miguel Villa y Juan Manuel del Río, durante la travesía, de diez de la mañana a tres y media de la tarde, lo custodiaron su novia, Marta, los medios de comunicación, la zódiac de la Cruz Roja y personal de la Asociación Cruce a Nado del Estrecho de Gibraltar. «Se ocupan de todo, tú pagas 1.400 euros y tienes garantizado todo, que estén los sanitarios y todo».
Sin embargo, el equipo aumentó mientras Moya nadaba: «Primero se me acercaron dos delfines y, después, un grupo de nueve calderones. El mayor de ellos me pasaba por debajo, nadó a mi lado... Parecía un documental», comenta.
Con la tele tiene algo que ver el reto ya superado de cambiar el mono por el traje de neopreno. Competía por 20.000 euros en un concurso de monólogos, lo eliminaron en semifinales y Moya se propuso buscar otros medios para lograr el mismo premio para la oenegé. Así surgió, y no por un arrebato aventurero, la idea de cruzar el Estrecho a los 47 años y prepararse para ello nadando a diario de cuatro a seis kilómetros.
No ha hecho todavía cuentas de cuántos euros ha aportado la mojadura y el esfuerzo para la Cocina Económica, pero la página web (se recogen donativos on line) habla por sí sola: hace tres días tuvo 51 visitantes; el jueves, 3.699. «La verdad, me siento muy orgulloso», concluye el campeón.