«Vivimos en un mundo global que necesita una Europa más fuerte»

Paula de las Heras

ESPAÑA

El hiperactivo cabeza de lista del PSOE al Europarlamento lleva a sus espaldas una media de tres actos diarios desde que comenzó la precampaña. El ritmo no le es extraño

17 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Acaba de ser padre de gemelos y por fin se ha permitido un parón, siquiera mínimo -apenas 48 horas para disfrutar de las criaturas- en su ajetreada vida de candidato. Viaja semanalmente de Madrid, donde ejerce como diputado, a Canarias para atender sus tareas como secretario general de los socialistas isleños.

-¿Cuántas horas al día trabaja usted?

-Todas.

-¿O sea, más de 45 semanales e incluso más de las 65 que propuso la directiva europea a la que ustedes se opusieron?

-De lejos. Pero no las recomiendo, ni mucho menos las exijo. Creo que los horarios de trabajo deben estar ajustados y de un tiempo a esta parte tengo una fuerte dedicación a la representación y a la responsabilidad. Me hago cargo de las esperanzas de mucha gente, por lo tanto me exijo más de lo que le exijo a nadie.

-¿Y no se siente explotado por su jefe, Zapatero?

-No. En todo caso, esta es una opción personal mía.

-Convenza a los españoles de que las elecciones europeas son importantes.

-Vamos a elegir el Parlamento europeo que representa a la ciudadanía europea. Somos ciudadanos europeos y nos conviene ejercitarlo porque Europa se hace contando con nosotros o pasándonos por encima. Ese es un mensaje que dirijo con especial energía a la gente joven.

-¿Cómo pueden mantener que votar PSOE es distinto de votar PP si comparten criterio en directivas como las de las 65 horas o el retorno de emigrantes?

-No es cierto. Eso podría explicarse tan lejos como se quiera, pero diré que esas directivas han sido promovidas por unos consejos de ministros y una Comisión de orientación marcadamente conservadora. Es al Ejecutivo bicéfalo de la UE al que corresponde la iniciativa legislativa; el Parlamento, en cambio, tiene la última palabra. Por la composición de los Gobiernos de los Estados miembros, esos órganos han estado escorados a la derecha durante los últimos cinco años. Eso podemos empezar a cambiarlo. El primer paso es el próximo 7 de junio.

-Pero Zapatero ha apoyado que el actual presidente de la Comisión, el conservador José Manuel Durão Barroso, permanezca en el cargo.

-Barroso ha sido el presidente de la Comisión que resultó de la composición del Parlamento del 2004 y consiguientemente de la correlación de fuerzas de los Gobiernos de los Estados miembros. Hemos convivido con él, pero el 7 de junio empezamos a escribir una nueva página. La decisión ahora la tienen, primero, los ciudadanos y después los Estados.

-¿Quiere decir que a usted le gustaría otro presidente?

-Eso está por escribir. Yo voy a escuchar el veredicto de los ciudadanos. Es un hecho que el equipo de los socialistas europeos estaría encantado con una Comisión de mayoría progresista y con un presidente de Comisión progresista.

-¿Ir al Parlamento Europeo es para usted un sacrificio más por su partido?

-No simplifique. Es un trabajo de representación y una responsabilidad. Vivimos en un mundo global y ese mundo necesita una Europa más fuerte que nunca. Es un honor que el partido nos concede a los compañeros y compañeras que vamos en las listas.

-¿A qué se refería entonces con eso de «Zapatero a todos nos ha hecho alguna faenita»?

-Lo dije con una sonrisa distendida y cargada de ironía para responder a ese viejo lugar común que pretende que quienes vamos en las listas al Parlamento Europeo estamos siendo catapultados a algún espacio exterior o, como se me ha dicho muchas veces, a un cementerio de elefantes. Quienes estamos en esa lista hemos sido distinguidos con una confianza y con un honor. Si en eso consiste hacerle a uno una faenita, imagino que José Luis Rodríguez Zapatero nos la habrá hecho a todos.

-Si pudiera elegir, ¿dónde le gustaría estar?

-Me gusta dibujar, pintar, nadar, tocar rock and roll, la guitarra en todos sus registros... Pero la vida no puede consistir solamente en eso. Me gusta leer y escuchar, mucho más que hablar. Pero en política, uno no está para hacer nada de eso. En política, uno no hace siempre lo que quiere sino lo que debe. Es sentido del deber como no conozco otro.