Si las preguntas que hicieron anoche a Mariano Rajoy en el programa Tengo una pregunta para usted son representativas de lo que piensan los españoles está claro que a estos les importa incomparablemente más la crisis económica y el paro que los problemas de corrupción y espionaje que afectan al PP, por los que solo le inquirieron dos de los participantes.
Un Rajoy con aplomo, seguro, cómodo, directo, previsible, a veces exageradamente cercano, moderado, alejado de anteriores catastrofismos, que fue de más a menos, supo sacar ventaja de ser el líder de la oposición en unos momentos en que existen motivos de sobra para criticar al Gobierno. Su principal e importante defecto: no presentar una alternativa creíble para resolver la crisis y crear empleo.
Pasó apuros cuando se reprochó a Esperanza Aguirre que sacara pecho cuando el paro bajaba en Madrid y ahora no aparezca. «Entiendo que no la quiera ver en televisión, yo tampoco», le dijo un fontanero. También cuando admitió que no sabe inglés, idioma que por cierto domina la presidenta, y al preguntarle qué haría si ganara 855 euros, como un camionero.
El presidente del PP dijo que está dispuesto a pactar con el Gobierno para salir de la crisis, eso sí, siempre que rectifique sus medidas económicas. Pero insistió en que sería «antipatriota» apoyar las medidas que está adoptando Zapatero, porque son «malas para España». Y puso como ejemplo la rectificación que ha hecho en materia antiterrorista. En todo caso, le ofreció su ayuda para afrontar los problemas en las cajas, subrayó que el sistema financiero español es sólido y dijo con rotundidad que los ahorros «están garantizados, pase lo que pase».
Rajoy no fue particularmente duro con el Gobierno, al que incluso elogió -eso sí, obligado por una pregunta- por tres razones: su viraje en la política contra ETA, la mejora en la seguridad vial y acudir a Chile para rectificar el anuncio de retirada de Kosovo y entrar en el G-20. Cuando se le demandaron soluciones contra el paro apuntó a la bajada del impuesto de sociedades, que ya ha rebajado el Gobierno, la revisión de los módulos de los autónomos, otorgar un crédito de 5.000 millones a los ayuntamientos para pagar sus deudas y reformar la ley de morosidad. Pero por encima de todo puso como garantía lo que hizo el Gobierno de Aznar cuando se encontró un paro del 22%.
Dijo que no está dispuesto a castigar a ningún acusado de corrupción del PP mientras no haya pruebas y puso como ejemplo que él se tuvo que sentar en el banquillo cuando era presidente de la diputación de Pontevedra bajo acusaciones falsas. «No puedo decir quién espió», dijo sobre el segundo asunto, dando a entender que sí lo ha habido.