La ruptura con los socialistas catalanes abocaría al Ejecutivo a la disolución del Parlamento

G.?B.

ESPAÑA

10 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Lo que hasta hace poco se presentaba solo como una dificultad añadida para que Solbes resolviera su sudoku anual sobre los Presupuestos, amenaza con convertirse en el problema más grave para Zapatero desde su llegada al Gobierno. La crisis económica, ya reconocida desde el propio Ejecutivo, ha impedido solucionar la necesidad evidente de mejorar la financiación de las autonomías recurriendo simplemente a ceder más dinero a las comunidades. Y en esa situación, el riesgo mayor se ubica en Cataluña, donde el propio Gobierno, en época más boyante, se había comprometido a cumplir unos compromisos de inversión y de financiación que ahora se antojan irrealizables.

El BNG puede ser clave

La vinculación del problema con el de la aprobación de los Presupuestos era solo una cuestión de tiempo. El primero en advertirlo fue el propio Solbes, que, sabedor de que no solo no se podrá cumplir lo que dice el Estatut sobre la financiación sino tampoco el acuerdo de que Cataluña reciba el 18% de la inversión estatal en infraestructuras, hace tiempo que buscaba los siete votos que le faltan para poder aprobar los Presupuestos en otros caladeros. En Galicia, por ejemplo, con los dos escaños del BNG, y en el País Vasco, con los cinco del PNV, aunque estos parecen más difíciles de meter en la cesta.

Con lo que no contaban Solbes ni Zapatero es con que el moderado Montilla elevara su apuesta hasta el límite de plantear por primera vez una rebelión en el Parlamento del PSC que, no se olvide, es un partido independiente del PSOE. La situación es diabólica, porque si el Gobierno está atrapado por la crisis económica, Montilla lo está por la presión del resto de partidos catalanes. Si no logra un buen acuerdo de financiación, su puesto peligra y la Generalitat podría quedar en manos de CiU. Por eso es difícil que ceda.

En esa coyuntura, el problema de Solbes ya no es un sudoku, sino algo tan complejo como resolver la conjetura de Poincaré. De lo que no caben dudas es de que si los 25 diputados del PSC abandonaran a Zapatero, no quedaría otro remedio que disolver las Cortes y convocar elecciones.