Unos piden una reforma intensa y otros afirman que impuesta no servirá
04 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Las espadas continuaron en alto el día después de la ruptura de las negociaciones para reformar la negociación colectiva. Y, por lo que ayer se vio, parece que seguirá así hasta que el Consejo de Ministros apruebe el próximo viernes la iniciativa legislativa correspondiente. Tanto la patronal como los sindicatos calentaron el ambiente con declaraciones diversas en las que dejaron clara su intención de influir en la reforma que ultima el Ministerio de Trabajo, y de cuyas líneas maestras informó ayer Valeriano Gómez al Consejo de Ministros.
Tratando de escorar hacia sus intereses el contenido final de la nueva regulación de las relaciones laborales en el seno de las empresas, guiños y advertencias al Ejecutivo se sucedieron desde las filas de los agentes sociales, a las que se sumaron -en uno u otro sentido- tanto partidos políticos como el gobernador del Banco de España, célebre por las polémicas recetas que en materia económica le envía periódicamente al Gobierno.
El instigador de la ruptura
El presidente de la patronal madrileña (Ceim), Arturo Fernández, fue uno de los primeros en abrir fuego ayer, advirtiendo que esperaba que no se aprobase una reforma «descafeinada y débil». Fernández, a cuya organización se señala como instigadora de la ruptura de las negociaciones por forzar la vuelta a posiciones maximalistas, calificó la encomienda legislativa del Ejecutivo de «patata caliente» y reclamó un «plan Renove» en materia laboral, abogando otra vez por el contrato único con 20 días de indemnización por despido, del que dijo que «parece una buena opción».
Juan Rosell, que el jueves declaró que la CEOE buscaría influir en el Gobierno y los partidos para que la reforma les fuera favorable, se mostró ayer más comedido, asumiendo la responsabilidad «del 50% del fracaso de la negociación», pero pidiendo del Ejecutivo una apuesta «decidida» por la flexibilidad.
Negó nuevamente que la CEOE hubiera modificado sus planteamientos a última hora y señaló como detonante de la ruptura, entre otros aspectos, la intención de los sindicatos de obligar a los pequeños empresarios a consultar sus decisiones con comisiones paritarias, es decir, tener una presencia más activa en las pymes, o -según Rosell- «entrar ahí donde no están», algo que los sindicatos han desmentido.
Pagar «los platos rotos»
Las críticas más duras las hizo el secretario general de CC.?OO., Ignacio Fernández Toxo, que negó responsabilidad en la ruptura, trasladándosela a la patronal y sus «posiciones extremas». También envió advertencias al Gobierno, pidiéndole que «no se deje aconsejar por algunos pretendidos amigos» para redactar la reforma, ya que pueden acabar haciéndole pagar «los platos rotos» del acuerdo fallido. «Si yo fuera el presidente, me lo pensaría», añadió, en referencia a la decisión del Ejecutivo de legislar sobre una materia que en todos los países democráticos «está reservada» a la relación bipartita. Méndez, por su parte, recordó que las reformas impuestas no funcionan.