«Mañá xa mercaremos o xornal, porque polo menos lelo no periódico». Con esta elocuente frase resumía una de las trabajadoras de la factoría de Vilaxoán la incertidumbre con la que la plantilla encara la venta de la fábrica y sus propias expectativas de futuro.
Como ocurre cada día desde hace nada menos que tres cuartos de siglo, el turno de la tarde abandonaba ayer sus puestos a las siete en punto. Salían sonrientes y admitían con buen gesto que tienen muy poca información sobre la venta de la conservera a Garavilla. «Non sabemos nada, o único que lles dixeron ás delegadas é que se ía vender e que despois quedabamos nas mans de Garavilla», decía una de las mujeres.
Ante la falta de información, las operarias van tejiendo su particular composición de lugar a base de los rumores que se escuchan. En principio, la mayoría prefieren esperar acontecimientos sin perder el optimismo: «Din que vai ser para ter máis traballo aínda, pero xa veremos que pasa. Hai que esperar», decían. Esperar que todo siga igual, o si cabe mejor, en una fábrica cuyas sirenas han marcado los ritmos de vida de miles de vilaxoaneses.