Patricia González, ourensana de 34 años, no transmite la ilusión que se le supone a una persona de su edad porque la situación laboral en la que se encuentra no le reporta muchas satisfacciones. Su último trabajo estuvo en el sector de la hostelería y no renuncia a volver a él en cuanto transcurran unos meses. En tanto esa circunstancia no se materializa, los problemas económicos traspasan ya el umbral de la puerta de su domicilio. De hecho, vive de alquiler con su pareja, que tampoco tiene una situación laboral muy boyante. Paga una renta mensual de 150 euros al mes, pero reconoce: «Cáritas me ayuda a pagar el alquiler». Para sortear las dificultades ha solicitado a la Xunta la renta de integración social pública, que por fortuna le ha venido aprobada.
Mientras confía en encontrar una nueva ocupación, «pese a que la situación está muy mal», hace repaso de las labores hechas hasta el momento: trabajó en una guardería, en un centro geriátrico y en una peluquería. Sobre la posibilidad de ser dueña de sus propias iniciativas, por ejemplo montar una peluquería, señala: «Si no hay ingresos, no tengo dinero para invertir, por lo tanto no puedo montar nada, aunque quiera».