El astillero vigués Vulcano, abocado al cierre al fracasar la venta de su filial

Miguel Á. Rodríguez LA VOZ/REDACCIÓN.

ECONOMÍA

La plantilla, que sigue encerrada, culpa al Gobierno central y le exige que autorice la operación de Juliana

09 oct 2010 . Actualizado a las 02:57 h.

Jarro de agua fría en Vulcano. Los cerca de 200 trabajadores encerrados en el astillero vigués desde el jueves contuvieron ayer la respiración durante la junta de acreedores de su filial Juliana (antiguo Izar Gijón). La venta de esta firma al astillero Armón por 16 millones era el balón de oxígeno que esperaban para mantener la actividad en Vigo, donde sigue pendiente de rematar un buque sísmico para la armadora noruega G.?C. Rieber, y está en el aire otro contrato que garantizaría 15 meses más de trabajo.

La esperanza duró poco. A última hora de la mañana se confirmaron los peores pronósticos. La sociedad de Pequeños y Medianos Astilleros en Reconversión (Pymar), en la que el Ministerio de Industria tiene un peso decisivo y que es uno de los mayores acreedores de Juliana, cumplió su amenaza de no asistir a la junta, que quedó anulada por falta de quórum y que aboca a Factorías Juliana a una liquidación forzada. En una hora, Vulcano pasó de acariciar los 16 millones que pensaba ingresar por Juliana a tener que hacer frente a las deudas del astillero gijonés (58 millones) y poner en serio riesgo de continuidad a la compañía viguesa.

La plantilla de Vulcano, segundo astillero español detrás del también vigués Barreras, mostró su indignación por la actitud del Ministerio de Industria. Pymar es a la vez acreedor de Juliana y avalista de Vulcano. Y Vulcano precisa un aval de casi 30 millones para seguir trabajando. La Xunta ya había garantizado 9 millones a través del Igape y 7,6 más en aportaciones al fondo de garantías de Pymar, 2,7 aprobados por la Xunta ayer mismo y el resto en el 2011.

Todo estaba previsto para que la venta de Juliana fuese el salvavidas definitivo. Había comprador y un acuerdo total en el precio y las condiciones. Pero el Ministerio de Industria no aceptó el convenio, que incluía una quita del 79% sobre la deuda.

El presidente del comité de Vulcano, Antonio Fernández, se mostró sorprendido: «Industria privatizó Izar y ahora que es privada la deja morir y, con ella, también al comprador que es Vulcano; eso solo puede responder a una política del Gobierno para cerrar astilleros, y con la crisis de empleo que vivimos nos parece una actitud intolerable», manifestó.

La ola de reacciones no se hizo esperar. La plantilla decidió continuar su encierro y aguardar la llegada de los empresarios, con los que tenían prevista una reunión en la noche de ayer. No descartan movilizarse para exigir al Gobierno que reconsidere su actitud. El conselleiro de Industria, Javier Guerra, mostró su preocupación por la situación y lamentó que el ministro Sebastián hiciera caso omiso de las demandas de la Xunta y la empresa. En Vigo, el BNG mostró su apoyo incondicional a los empleados; y el alcalde, Abel Caballero, sorprendió a todos al asegurar que, si hubieran pedido su ayuda el jueves, ayer «la situación estaría resuelta». Su frase enojó a los obreros. «No llamamos a nadie, pero la Xunta se presentó aquí, y el BNG también», dijeron, «si Caballero quiere y puede ayudar, que lo haga».