Defiende la propuesta de reforma porque los cambios «no serán para mal» sino que «aumentarán la acción protectora del sistema» y la cuantía de las pensiones futuras
17 abr 2010 . Actualizado a las 02:59 h.Una impresionante torre de papeles -en «equilibrio precario», como las cuentas de la Seguridad Social, bromea el secretario de Estado, Octavio Granado- ocupa una esquina de la mesa de trabajo, completamente cubierta de documentos. «Los últimos quince centímetros corresponden a lo más reciente: el documento de la reforma laboral, sobre el que hemos estado trabajando hasta el último momento», explica. Ese polémico asunto, en el que el Ejecutivo -acusado de enmascarar un abaratamiento del despido- se ha quedado solo frente a las críticas de agentes sociales y grupos políticos, lo defiende Granado con la misma convicción con la que argumenta la necesidad de introducir cambios en la Seguridad Social para que el sistema público de pensiones tenga dentro de 25 años la misma fortaleza que hoy.
-La reforma de las pensiones cayó como una bomba y sacó a los sindicatos a la calle. ¿Ha vuelto la calma?
-Nosotros presentamos la propuesta, con un texto articulado, porque así nos lo pidió el Parlamento. Ahora el tiempo lo administra la comisión del Pacto de Toledo, y luego los interlocutores sociales discutirán con el Gobierno, como ya hicieron en el 95 y en el 2003 después del acuerdo parlamentario, cómo se lleva este a la legislación. El Gobierno ha querido hacer una propuesta que sea consciente de la magnitud del reto al que nos enfrentamos, y que no es derivado de la crisis económica.
-La clave es demográfica.
-Sí. Tenemos superávit, hemos generado un fondo de reserva muy importante, pero a 30 años vista deberemos hacer frente a un envejecimiento de la población para el que tenemos que preparar a la Seguridad Social.
-Pero jubilarse a los 67 años es muy impopular...
-Tenemos que ser capaces de entender el problema y queremos compartir el diagnóstico. No sirve que algunos nos digan que no está claro que vayamos a vivir más tiempo... También tenemos que dejar claro que cuando nos dicen que hay que luchar contra el fraude, no es lo mismo hacerlo en el Ministerio de Economía que en el de Trabajo. En Economía se traduce en un ingreso, pero aquí solo lo es a corto plazo, porque las personas que afloran de la economía sumergida generan derechos y se convertirán en jubilados.
-¿Entonces?
-Luchar contra el fraude es mejorar la cohesión social del país, pero es también generar ingresos a corto plazo y más gastos en el futuro. Por eso hay que afrontar el problema de verdad: cuanto antes comencemos con las reformas más imperceptibles serán.
-¿Están dispuestos a modificar el calendario de ampliación de la edad de jubilación? Salgado dijo que comenzaría en el 2013 y se completaría en el 2025.
-El documento que aprobó el Consejo de Ministros ni siquiera habla de calendarios. Somos conscientes de que es una cuestión abierta a la discusión. No queremos transmitir en modo alguno que esta es una reforma para la crisis, porque no lo es, es una reforma para afrontar el envejecimiento de la población. Si no hubiera habido crisis, habría sido igual de necesaria.
-Los puntos más criticados han sido la jubilación a los 67 y la ampliación del cómputo. ¿Se han ido suavizando las diferencias en la negociación?
-No es eso. Lo que creo es que una vez que se lee con detenimiento el documento del Gobierno se aprecia que es la base para un proceso de acuerdo parlamentario y de diálogo social. Planteamos hacer lo que ya estamos haciendo.
-¿En qué sentido?
-Según Eurostat, en los últimos diez años los españoles hemos retrasado la edad efectiva de jubilación en dos años. Sabemos que la edad legal y la efectiva no van a ser coincidentes nunca, pero somos conscientes de que hay que ir prolongando la vida laboral, y de que la gente pueda trabajar en mejores condiciones, con jornadas más reducidas y en puestos más adecuados a su realidad. Lo que sería absurdo es que pretendiéramos retrasar la edad de jubilación mientras el mercado de trabajo expulsa a gente.
-Que es lo que pasa ahora...
-Sí. Y por eso esta reforma no puede comenzar a aplicarse en un momento de crisis económica, en el que hay mucha gente que está siendo expulsada del mercado laboral.
-Así que la reforma es imperativa, pero no urgente, ¿no?
-Lo que planteamos es una continuidad de las reformas que comenzamos a partir de 1985. La buena situación actual es heredera de los cambios que comenzaron a hacerse hace 25 años, porque en este terreno las reformas que tienen efecto son a muy largo plazo. Si nosotros ahora estamos bien es porque en el 85 se tomó la decisión de que las cotizaciones sociales dejaran de financiar la sanidad y fueran solo para las pensiones.
-Dígale a la ciudadanía cómo serán las pensiones futuras.
-Sin duda, más altas. Pero la Seguridad Social tiene que recaudar el dinero suficiente para pagarlas. Vamos a ir a una forma más efectiva y transparente de separación de fuentes de financiación, lo que quiere decir que una parte no contributiva de las prestaciones va a ser sufragada por el Estado y los impuestos, y otra seguirá estando en proporción a las cotizaciones sociales. Yo creo que esto anima mucho a la cotización.
-¿Recomienda, como el ministro, los fondos de pensiones?
-Son figuras complementarias de ahorro, pero el gran proveedor de recursos es y seguirá siendo la Seguridad Social. Es razonable que si vamos a vivir más tiempo, tengamos algún tipo de ahorro. Hemos tendido a que ese ahorro se tradujera en inversiones inmobiliarias. La gente puede ahorrar en lo que quiera, pero me parece hipócrita, con todos mis respetos, que estemos contemplando como cada vez ahorramos más y luego demonizamos la figura de ahorro que está vinculada al crecimiento de la esperanza de vida, que son los planes y fondos de pensiones.