El secretario general de los conserveros es partidario de aprovechar la «oportunidad» de las marcas blancas y estar alerta ante las posibles «amenazas» de esta imparable tendencia del mercado.
-¿Qué traen de bueno las marcas blancas?
-Te aseguran un nivel óptimo de producción, y eso no es malo siempre que haya rentabilidad. Pero nosotros tratamos de compartir esta producción con la marca propia del fabricante.
-¿No corren peligro real de desaparición las marcas tradicionales?
-Desde luego, no todas. El I+D lo harán siempre las marcas propias y luego se trasladará a las blancas. Los nuevos productos nacen en las fábricas y, si calan en el mercado, se transportan a las marcas de distribución. Las marcas propias son necesarias y tienen hueco. El mercado español quiere una buena relación calidad-precio. Aquí se consumen 5,6 kilogramos de conserva por habitante y año, un nivel muy alto.
-Y la llegada de conserva tailandesa a mitad de precio, como ya sucede en Europa, ¿no es ya una amenaza real?
-Tenemos 150 años de experiencia productiva que hay que aprovechar. Claro que hay un riesgo real de que vengan latas de fuera. Por eso siempre tenemos que estar a la última y ser muy competitivos.
-¿En cuánto debe estar el límite de producción de marca blanca para un sector?
-Todo lo que sea pasar del 50 o del 60% no es muy deseable.
-¿Están unidos para negociar con las cadenas de distribución?
-Creo que sí. Algunas de estas cadenas son de fuera y eso es una amenaza añadida. Hay que buscar ventajas en la negociación, para garantizar unos precios, un volumen de producción y unos tiempos mínimos de contrato.
-¿La calidad es la misma en unas latas para distribución que en las marcas propias?
-La calidad sanitaria sí. Los aceites, por ejemplo, pueden variar. Pero hay una serie de atributos, como el márketing, el empaquetado, el desarrollo de nuevos productos, que nos distinguen y que el mercado agradece. Es por eso que digo que las marcas propias nunca desaparecerán.