Guerra de nervios en Berlín. Después de una larga negociación que duró más de ocho horas y de un ultimátum lanzado por el Gobierno alemán, el fabricante de componentes austríaco-canadiense Magna y General Motors lograron ayer alcanzar un acuerdo para la venta de Opel. Pero, al cierre de esta edición, aún no estaba claro si el Ejecutivo germano daría luz verde al pacto, una medida que impediría la declaración de insolvencia del la firma alemana.
La crucial jornada se inició con dos noticias que hicieron temer por el futuro de Opel. El consejero delegado de Fiat, Sergio Marchioni, anunció que no asistiría a la reunión convocada por la canciller Angela Merkel para analizar la necesidad de aportar fondos de emergencia para la compañía, una decisión que acabó con su proyecto de crear un gran consorcio europeo de automóviles. «Las últimas exigencias de General Motors [pedía 300 millones más de financiación para su filial] expondrían a Fiat a riesgos injustificados», dijo Marchioni. Poco después, el diario alemán Bild hacía público que las negociaciones entre Magna y General Motors, que se realizaban en un hotel de lujo en Berlín, estaban al borde del fracaso.
La noticia hizo reaccionar al Gobierno germano, que amenazó con anular la reunión prevista para las 16.00 horas en la sede de la Cancillería. «El encuentro solo comenzará cuando las partes implicadas tengan algo sustancial que presentar», dijo el portavoz del Gobierno, Thomas Steg, quien advirtió que Berlín no aportaría más de 1.500 millones de euros a través de préstamos de emergencia para Opel.
El ultimátum surtió efecto y poco antes de que el plazo fijado por el Gobierno llegara a su fin, fuentes involucradas en la negociación señalaron a la televisión germana que había un preacuerdo. Poco después, el ministro de Economía, Karl-Theodor zu Guttenberg, confirmó la existencia de un pacto.
Mientras tanto, en Bruselas, los representantes de los diecisiete países afectados por la crisis de Opel, España incluida, lograron arrancar de Alemania el compromiso de encontrar una solución que tenga en cuenta el futuro de todas las plantas de la marca, y no solo de las cuatro ubicadas en territorio germano.
La mayoría de los asistentes a la reunión salieron de esta mostrando un tono optimista, incluida la ministra sueca de Industria, Maud Olofsson, una de las más críticas con el silencio que Alemania ha mantenido en las últimas semanas sobre las negociaciones para salvar a Opel, y que al finalizar el encuentro admitió que el representante germano había proporcionado «muy buena información».
El ministro belga de Industria, Vincent van Quickenborne, señaló, por su parte, que las decisiones para salvar las plantas europeas deben basarse en «criterios económicos».
La mitad del empleo de Opel, que da trabajo a 55.000 personas en toda Europa, se encuentra en Alemania. Otros países con factorías importantes son España (7.752 empleados), el Reino Unido (4.700), Suecia (4.000), Polonia (4.000), Bélgica (2.500), Austria (1.600) y Francia (1.500).