El equipo directivo de Calvo presentó ayer públicamente las cuentas correspondientes al pasado ejercicio, un año que ha sido el mejor de su historia reciente, con unos ingresos de 414,34 millones de euros y un beneficio bruto de explotación de 28,16 millones.
En plena crisis económica, Calvo consigue un crecimiento de su beneficio neto de explotación del 48% y las cuentas del primer cuatrimestre de este año indican que la tendencia se mantendrá.
El motivo es el cambio de estrategia planteado por la tercera generación de la familia, capitaneada por Manuel Calvo García-Benavides. El grupo se ha volcado en el mercado internacional, con lo que la reducción de las ventas en España y la pérdida de algún cliente -caso de Mercadona- apenas han hecho mella en las cuentas. Actualmente, los dos tercios de la facturación corresponde a las ventas en el extranjero, tanto de la marca Calvo como Gomes da Costa, de Brasil; o Nostromo, de Italia.
La expansión por el mundo continuará en el futuro. El uso de las marcas se hará al margen de la producción, por lo que cada una de las factorías podrá utilizar las firmas en función de las necesidades de mercado.
Uno de los principales retos para este año es la entrada en el mercado norteamericano. Calvo ha abierto una oficina comercial en Houston, en el estado de Tejas. Actualmente Calvo se encuentra presente en más de 40 países y se asienta como un grupo de alimentación, ya que ha empezado a lanzar productos refrigerados. En España ya están en los comercios salchichas y hamburguesas, al igual que en Italia, y en Brasil empanados congelados, además de patés.
Manuel Calvo señaló que las marcas blancas no afectan demasiado a la empresa. El mercado español se ha polarizado entre los productos de bajo precio y los innovadores. Además se está respetando al líder de ventas tanto en atún como en mejillón.
Otra de las estrategias que está dando buenos resultados es la gestión individual de las flotas y las fábricas, además de ajustar la capacidad de producción a la demanda.