El gigante japonés Toyota se declara «en situación de emergencia sin precedentes»

La Voz

ECONOMÍA

23 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El método Kaizen (máxima eficiencia con el mínimo coste) que tan buenos resultados ha dado a los constructores orientales hace aguas con la crisis. El fabricante de automóviles japonés Toyota Motor, pionero en la aplicación de este modelo productivo, anunció ayer que en el ejercicio 2008-2009 sufrirá las primeras pérdidas de su historia, tras reconocer que se encuentra en una «situación de emergencia sin precedentes por el hundimiento del mercado automovilístico mundial».

Para el ejercicio 2008-2009, que termina a finales del próximo marzo, Toyota prevé pérdidas de hasta 150.000 millones de yenes (1.191 millones de euros), según anunció el presidente del grupo, Katsuaki Watanabe. Si estas sombrías previsiones se cumplen, sería la primera vez que sus cuentas se encuentran en números rojos desde que empezó a publicar sus resultados financieros en 1940.

El grupo nipón registrará un volumen de producción de 9,23 millones de unidades de todas sus marcas al cierre del año fiscal, un 3% menos, mientras que las exportaciones alcanzarán 2,77 millones de unidades, un 4% menos.

Toyota prevé que la fuerte apreciación de la divisa nipona ante el dólar y el euro en los últimos meses tenga un impacto negativo de 200.000 millones de yenes en el resultado.

Caída en cadena

La multinacional japonesa se suma así la la lista de fabricantes de todo el mundo que, durante las últimas semanas se han declarado en situación de extrema dificultad, como es el caso de los principales constructores de EE.?UU.

El Gobierno estadounidense anunció el pasado viernes la puesta a disposición de la industria de una suma de 17.400 millones de dólares en préstamos, destinados a las tres mayores compañías del país (Ford, General Motors y Chrysler). Unos 13.400 millones de dólares del total estarán disponibles para las firmas en diciembre y enero y provendrán del fondo de 700.000 millones de dólares diseñado originalmente para rescatar a instituciones financieras en problemas.

La Casa Blanca actuó después de que el Capitolio no llegara a un acuerdo tras semanas de negociaciones para aprobar una ayuda específica al sector.