La quiebra en un año de grandes inmobiliarias ha comprometido más de 13.000 millones de cajas y bancos
07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Se convirtió el ladrillo durante los últimos años en un refugio para muchos pequeños inversores. Pero también para la banca española. El reventón de la burbuja inmobiliaria ha provocado una cascada de quiebras de firmas del sector inmobiliario en los últimos 14 meses -el crac de Llanera en octubre del 2007 marca el punto de salida-, cascada que ha entrampado directamente a la práctica totalidad de entidades financieras españolas.
Conforme a los últimos datos del Banco de España, tomados a junio de este año, el montante de crédito al sector del ladrillo (que no son hipotecas) está cerca de los 470.000 millones de euros. Es una cifra muy abultada, tanto como el presupuesto de la Xunta para 40 años. Son en concreto 468.775 millones de euros los comprometidos por la banca en el sector. Suponen la inyección económica en ese sector más alta de la que hay constancia en el Banco de España. Duplica la cantidad que se había dedicado a la construcción y a la promoción inmobiliaria en septiembre del 2005. Por el medio, el auge y caída del ladrillo, con un elevado número de expedientes de regulación de empleo y anuncios de suspensión de pagos.
El incremento trimestral en la concesión de créditos para ese sector constata que la desaceleración en la concesión de préstamos al sector solo arrancó en marzo del 2007. Hasta entonces, el incremento cada 90 días superaba el 9%, muy por encima de otras variables (préstamos para servicios o para la industria). Fue así, de forma generalizada, entre diciembre del 2005 y marzo del 2007. Los incrementos anuales estaban por encima del 38%. Pero el valor añadido sobre el producto interior bruto del ladrillo no llega al 12%. Coincidió todo ello con unos tipos bajos, lo que agilizaba los préstamos. La subida del precio del dinero y el frenazo en la demanda de viviendas propiciaron lo que ahora ya se ha convertido en una gran bola de nieve.
Hace año y medio, poco antes del inicio de la crisis en Estados Unidos -con la hipotecas basura- comenzó el descenso en la concesión de préstamos para el sector. Crece, aunque en una menor proporción; de hecho, en el último semestre, siguiendo el mismo desglose oficial, el aumento se ha quedado en el 5,5%.
La factura inminente
El fuerte desembolso en el sector del ladrillo está pasando hoy factura a los bancos. «Sabemos que seguirán cayendo empresas, lo único que queda saber es en qué orden, quién será el siguiente», explica una fuente bancaria. Una de las soluciones que hoy baraja la banca es refinanciar deudas o adquirir sus activos, solución que esta misma semana han adoptado seis entidades acreedoras de Metrovacesa. Porque nulo interés hay en cajas y bancos por quedarse con promociones; ellos, recuerdan las financieras, tienen su negocio en el dinero, no en los pisos.
Sin embargo, no ha sido posible anticiparse a muchos casos. El primero fue la inmobiliaria Llanera, en octubre del año pasado. Le siguieron, entre otras, Tremón y Hábitat. Y, sobre todo, Martinsa-Fadesa, el mayor crac inmobiliario en España, que se declaró en suspensión de pagos el pasado mes de julio. Solo entre las las grandes promotoras caídas el volumen de dinero entrampado supera los 13.000 millones de euros. Es dinero que una mayoría de bancos ya tenían contabilizado en sus índices de morosidad del último trimestre.
Al Banco de España esas cifras le preocupan: «La gestión de la exposición al sector inmobiliario es una de las mayores complejidades que afrontan las entidades de crédito españolas», concluye en su informe de estabilidad financiera de noviembre. Y es que, según la firma Axesar, el 56% de las suspensiones de pago este año en España están ligadas a la construcción.
Las entidades con mayores fondos comprometidos, solo contando las grandes firmas y las cifras presentadas en los concursos de acreedores, son Caja Madrid, La Caixa y el Banco Popular. Las tres suman unos 2.700 millones de euros. Las cajas gallegas (Caixa Galicia y Caixanova) también se han visto afectadas por un buen número de suspensiones, aunque oficialmente no dan datos sobre sus clientes. Otra entidad gallega, el Banco Pastor, también tenía dinero prestado a varias inmobiliarias, como es el caso de Tremón.