«El ciclo alto es el de la avaricia y el bajo es el del miedo»

Natalia Bore

ECONOMÍA

Advierte que el Gobierno deberá recurrir al «déficit público» para garantizar la protección social a los más vulnerables

20 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Comparte con Zapatero su origen leonés, pero no la inclinación a la diplomacia. En lugar de eso, acostumbra a decir las cosas tal cual las piensa, aunque levante ampollas y críticas. Por eso afirma con rotundidad que la crisis española es, «como todas las crisis, el resultado de un exceso de avaricia», y acusa a la construcción y a las entidades financieras de haberse llenado los bolsillos a costa de «hipotecar de por vida» a los ciudadanos, para ahora, en época de vacas flacas, «mendigar» ayuda estatal para salir a flote, víctimas de «su propia avaricia e imprevisión». Defiende el mantenimiento del poder adquisitivo y el aumento de la cobertura de los trabajadores frente al creciente desempleo y afirma -en un claro mensaje al Ejecutivo- que frente a esta «peligrosa» situación económica «habrá que funcionar con déficit público».

-Desaceleración, casi crisis, crisis, estanflación, recesión... ¿Con qué se queda?

-Todas esas palabras son razonables, pero ese no es el problema. Estamos en un cambio de ciclo con consecuencias económicas y sociales graves, que no se ve cuánto tiempo va a durar y que está empezando.

-Parece que el cambio nos ha pillado sin estar preparados.

-Nosotros sí habíamos alertado. Hace dos o tres años advertimos de que el modelo español de crecimiento, aunque era muy vistoso, era muy frágil. Avisamos de que no era sostenible cimentarlo sobre el crecimiento artificial del precio de la vivienda, sobre el empleo que generaba el propio sector y sobre unos tipos de interés anormalmente bajos. Y el tiempo nos dio la razón. En octubre del año pasado presentamos otro documento alertando de que estábamos en la antesala del cambio de ciclo y nos consideraron pesimistas, pero se ha constatado el fracaso de un modelo de crecimiento basado en dos mentiras: la apreciación artificial, para el beneficio de unos pocos, de la vivienda y venderle a la gente que podía endeudarse sin ningún riesgo.

-Y ahora, ¿qué?

-Pues las dificultades que el Gobierno tendrá para salir de este bache serán enormes porque tenemos una balanza de pagos negativa de un billón y medio de euros y no hay financiación exterior. Hemos gastado más de lo que ahorramos y a finales de año tendremos un millón de casas hechas y que no se podrán vender porque la gente no tiene crédito.

-¿Es este un punto crítico?

-Sí. Pero lo peor está por llegar, porque se destruirá mucho empleo, que se traducirá en menor recaudación para las Administraciones públicas. Este es el cuadro, y es peligroso.

-Y la crisis acaba de cobrarse su primera gran víctima empresarial: Martinsa-Fadesa.

-Nuestra principal preocupación son los trabajadores, por ello vamos a exigir a la dirección que presente un verdadero plan de viabilidad que garantice la continuidad de la empresa y el mantenimiento de la plantilla.

-¿No le parece en cierto modo obsceno que pidan ayudas, rebajas fiscales, etcétera, para incentivar la actividad, sectores que obtuvieron grandes beneficios en la fase alta del ciclo?

-Esta crisis económica se produce, como casi todas, por un exceso de avaricia. Creo que existen ciclos alcistas y ciclos bajos, las vacas gordas y las flacas. Y el ciclo alto es el de la avaricia y el bajo el del miedo. ¿Por qué de la avaricia? Porque las empresas se han beneficiado de hipotecar a la gente de por vida y deberían haber reinvertido parte en otros sectores que se basaran en mejorar, por ejemplo, el sistema productivo. Hay algunos que lo han hecho, pero no todos. Comparto la definición de «obscenidad». Es la vida y hay que aprender.

­-¿Hay recetas para paliar tanta convulsión económica?

-Más que recetas, nosotros hemos propuesto actuaciones de garantías. Sabemos que va a haber que funcionar con déficit pero, incluso así, hay que priorizar necesidades. Y para nosotros, la prioridad es quien más dificultades tiene: los trabajadores. No se pueden recortar las prestaciones de desempleo en un momento en que va a aumentar el número de parados, al contrario.

-¿Por qué saldrían a la calle?

-Si tuviéramos que tirar de la carta de la presión sería por recortes de derechos, y no lo deseamos. Y tampoco le hemos oído al Gobierno que pretenda hacerlo. Solo faltaba que además de la crisis económica tuviéramos una crisis social. Los cauces de diálogo siempre son mejores que los de confrontación.