En Canarias, incluso cobrando menos

Natalia Bore

ECONOMÍA

Gran parte del colectivo gallego que vive en Fuerteventura, en su mayoría dedicado a la construcción, pretende seguir en la isla pese a que la crisis ha bajado sus salarios

26 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Eu fun mariñeiro toda a miña vida, pero vin aquí polas circunstancias». Así explica Manuel Martínez Rodríguez su llegada al archipiélago canario en 1999. «Primeiro estiven en Lanzarote, na cociña dun hotel, nove meses, e logo vinme a Fuerteventura, á construción. Levo dende entón na mesma empresa», añade.

Manuel, 55 años, peón y natural de Camariñas, relata cómo el volumen de trabajo -y con él los salarios- comenzaron a bajar desde hace un año: «A xente márchase, pero eu non teño pensado facelo salvo cando me xubile, que quero voltar a Camariñas. Vale máis comer un xurel alá que un mero aquí. Teño morriña. Quero voltar e saír a pescar nunha lanchiña».

Hasta que aterrizó en Canarias, Manuel nunca había trabajado en la construcción. «Pero cando cheguei facía tanta falla a man de obra para acabar hoteis nas datas previstas que che contrataban aínda que non tiveses ningunha experiencia», explica. Y su caso es común al de otros gallegos que trabajan desde hace años -en torno a diez años, de media- en la isla majorera, a donde llegaron atraídos por la eclosión de la construcción hotelera en la zona. «Cando chegamos aquí gañábase moito máis que en Galicia, pero era sobre todo debido á cantidade de horas que botabamos, máis que polo soldo en si», comenta el peón de Camariñas.

Sueldos menguantes

Similar explicación la ofrece un constructor de Muxía que llegó a la isla hace 15 años y que prefiere mantener el anonimato. Él achaca la salida de gallegos de Fuerteventura no tanto al parón de la construcción -que circunscribe casi exclusivamente a la zona sur del territorio-, sino a la notable bajada que han experimentado los salarios.

«A maioría da xente márchase porque antes gañaban 4.000 ou 5.000 euros mensuais (un oficial bo) e agora gañan 2.000 e pico. Segue habendo obras. É certo que a zona do sur está bloqueada, pero en El Castillo, en El Cotillo, en Puerto del Rosario, en Corralejo hai construcción residencial. Na zona sur hai só catro ou cinco focos de obra, pero non é tanto como se di», afirma, e insiste en que «en Fuerteventura se pode traballar».

Discrepa este empresario con el análisis de que la llegada de mano de obra inmigrante más barata haya repercutido en la marcha de gallegos, al señalar que «a man de obra barata non existe na construción. O que vale para traballar, traballa, e o que non, non se colle». En cualquier caso, vincula la caída de los sueldos al final de la construcción de hoteles: «Antes facíase un hotel de 500 camas nun ano e había que traballar a esgalla, por iso a xente sacábase soldos tan altos. Agora hai un baixón de obra grande, pero segue habendo obra pequena, residencial. De feito, eu sigo traballando».

En su empresa, que emplea a más de un centenar de trabajadores de procedencia diversa, se aplicó la reducción de sueldos el pasado enero y algunos optaron por no continuar en Fuerteventura y retornar a Galicia. Y es que los salarios en la isla ya no «compensan» como lo hacían en la época dorada de la construcción hotelera.

Aunque el día a día en el trabajo entonces -pese a los abultados sueldos, en torno a los 3.000 euros, que podían incluso doblarse- no era fácil, como recuerda Fernando López, de Servicon Islas. «Cando eu vin, que empecei a traballar nos hoteis, gañábase moito, pero era porque traballabamos 14 horas, de sol a sol e con 40 graos en Jandía. Non era fácil. Os sacos eran de 50 quilos e hoxe, por normativa, son de 25», recuerda.

Del cambio da fe José Manuel Alfonso, de O Rosal, «toda a vida encargado de obra». Aunque se jubiló hace tres años, confirma que la construcción en la isla, a la que llegó en 1995, no pasa por su mejor momento y señala, de nuevo, a la moratoria y a la inmigración, con el consiguiente abaratamiento de la mano de obra, como principales causas.

De los barracones de Esquinzo, en Morro Jable, en los que se hacinaban los trabajadores, hoy solo queda un recuerdo vago y el nombre de un viaducto sobre el barranco del mismo nombre.