Asegura que el intento de censura al alcalde no era de los socialistas sino de Alianza Popular, «os mesmos de agora»
15 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.José Luis Lugo Bascuas era concejal socialista en la corporación de 1983 con Virgilio Castelo que era protagonista indiscutible por su fuerte personalidad y Julio Framiñán que estuvo más apartado del foco político. Los dos primeros estuvieron en la comisión de gobierno con el alcalde Casimiro Fernández y su grupo CIG (antigua UCD). Ambos grupos habían pactado para tener mayoría dado que CIG había ganado por un voto a la Alianza Popular que encabezaba Garcia Rilova. El alcalde rompió el pacto con los socialistas a los ocho meses sacándolos del gobierno por decreto. Eran tiempos convulsos, como ahora e Silleda.
Información recabada sobre la estabilidad del gobierno tras la ruptura apuntaba a un intento de los socialistas de hacer la moción dando la alcaldía a García Rilova en cuya candidatura de AP estaba también Juan Salgueiro. Ambos habrían rechazado la posibilidad jugando la estrategia de pactar dejando gobernar a Casimiro.
Luis Lugo contradice esta versión: «Parece que queren pareza que somos coma eles, que fan a moción ahora e nos que quixemos facela antes». Afirma tajantemente que jamás el PSOE se ofreció a eso: «falo por min e creo que podo falar tamén por Castelo que me contaba todo, e estou seguro que non intentou nada deso. Eu, de ningunha maneira, sempre lle tuven alergia o PP». Pero sí apunta contactos en sentido distinto. Lugo Bascuas asegura que fue presionado hasta a nivel familiar para obtener su voto. Cita a representantes cualificados (sin dar nombres) de AP de Silleda y de A Estrada. Asegura que se le presentaron tres (alguno sigue vivo y otros fallecieron) en el mesón Os Palmeiros que el regentaba y que querían su voto a toda costa. No quiso entrar en si había dinero o puestos en la corporación. «Se alguén quere falar que fale...» dice, pero asegura que como se negó empezó para el un calvario porque «tíñanme trincado o depender económicamente dun traballo como empleado de xente moi vinculada a AP. «Dirixíranse a min a título individual porque desconfiaban que si llo decían a Castelo íao a saber todo o mundo. Entendo que viñeran a min porque dependía deles e como empleado igual pensaban que me podían cambiar ideas». Asegura que luego «foi moi duro» y se fue apartando de la política «para poder dar de comer os fillos», hasta que elpartido volvio a llamarle y acepto tras saltarse las elecciones de 1987. «Castelo tampouco resisteu é acabou marchando», dice.
Alude a sus tiempos en el gobierno señalando que «Casimiro era un home moi serio pero non había medios e tiñamos unha oposición, AP, que sabemos moi ben como era porque son os mismos de ahora, non cambiaron nada. Siguen coa misma estrategia, desfacer o que fan outros e intentar que non fagan nada. Os socialistas intentabamos gobernar...». Salva de la criba a Juan Salgueiro, «e amigo, e hasta me fixo favores, todos fora de política».