Jugadores y técnicos se conjuraron para la repesca del ascenso
11 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El Obradoiro superó el momento más delicado de la temporada justo a la conclusión de la Liga regular. Puso todo su empeño en tratar de conseguir el ascenso directo y, cuando lo tenía en su mano, cedió la iniciativa al Murcia con la inesperada derrota de La Palma. Después vino la de Burgos, en la última jornada, en uno de los partidos más flojos del colectivo de Moncho Fernández.
El técnico reconoce que el estado de ánimo quedó tocado tras esos dos golpes, difíciles de metabolizar. Pero en los peores momentos el colectivo supo evitar la depresión y agarrarse a los argumentos que lo podían sacar a flote. «Fue un equipo sabio -resume Moncho Fernández- cuando lo hizo bien y cuando las cosas salieron mal, porque aprendía de los errores».
Esa capacidad para superar adversidades fue definitiva y constante. El alquimista de Pontepedriña recuerda que «la derrota de Huesca, en la prórroga, queda ya un poco lejos. Después tocaba la final de la Copa Príncipe ante un Murcia que venía lanzado. Y el Obradoiro hizo uno de sus mejores partidos».
Sin duda, el episodio más delicado del curso fue el tránsito de la Liga al play off. En aquel momento el equipo era como uno de esos estudiantes que saca con brillantez los exámenes parciales y ve como tiene que presentarse a la repesca por una décima, por un mal día.
Continuidad y retoques
La planificación técnica y física estaban ya trazadas. Y entró en escena la parte anímica. Después de un descanso depurativo y justo antes de empezar a preparar la eliminatorias hubo reunión de grupo y sesión de vídeo. Jugadores y técnicos hablaron y se conjuraron. «Quedó claro que el play off era una nueva oportunidad para conseguir nuestro objetivo, nunca un castigo», resume Moncho Fernández. El repaso a las imágenes de la última jornada en Burgos, en contraste con otros partidos y con algún entrenamiento, dejaba claro que el equipo tenía potencial y bagaje para rendir a un nivel sensiblemente superior.
Aquella reunión vespertina fue para el grupo como hacerle un «reset» a un ordenador. Arrancó con ánimos renovados, con las ideas claras. Reafirmó su confianza en el plan de ruta que estaba siguiendo. E introdujo algunas pequeñas novedades que dieron su fruto. Sin cambiar el Software, añadió algunas aplicaciones.
«Nos convencimos de que estábamos en el camino correcto -recuerda Moncho Fernández- y trabajamos en detalles tanto en defensa como en ataque, cosas que hasta ese momento no habíamos puesto en práctica. A eso ayudó contar con un grupo que, además de grandes personas todos eran grandes profesionales. Lo que podría llevar una semana de entreno a veces se conseguía en uno o dos días».
Una de las variaciones del Obradoiro del play off respecto al de la Liga fue la coincidencia en pista, durante bastante minutos, de Bulfoni y Corbacho. Pero eso se debió más a las circunstancias que a la programación: «En Cáceres no pudo jugar Feliu. En el play off nos hicieron más defensas mixtas y zonales. Y también cuenta que los rivales, por su estructura, nos permitían jugar con dos exteriores tiradores en muchas fases».
El primer partido del play off, ante el Cáceres, sufrido hasta la extenuación pero ganado, fue la espoleta. A partir de ahí el colectivo santiagués fue cogiendo vuelo y terminó firmando unas eliminatorias y una temporada irreprochables. El conjunto de Moncho Fernández triunfó en las tres competiciones oficiales: ganó la Copa Xunta y la Copa Príncipe, y ascendió a la ACB.