Fuego en la selección

josé m. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

La tensión en los Madrid-Barça enturbia las relaciones entre los internacionales españoles.

05 may 2011 . Actualizado a las 13:07 h.

Un inesperado damnificado. Las consecuencias de la sucesión de clásicos no afectan solo a los dos clubes (Real Madrid y Barcelona, enfrentados en los despachos y en el césped) y amenazan con enturbiar las relaciones entre los protagonistas, buena parte de los cuales han compartido vestuario en los dos grandes logros de la selección española. A finales de mayo, cuando haga pública la convocatoria para enfrentarse a Estados Unidos y a Venezuela, Vicente del Bosque podrá evaluar los daños.

«Los jugadores son un excelente ejemplo, que esperemos que con los episodios ocurridos estos días no deterioren las relaciones entre ellos», insistía ayer Del Bosque cuando se le preguntó por el estado de las relaciones personales de los futbolistas que llevaron a España al triunfo en el Mundial de Sudáfrica. Y es que entre los 23 jugadores que ganaron el Mundial, ocho pertenecen a la plantilla del Barcelona y cinco al Real Madrid. Una división dificultaría el objetivo de defender el título de campeón de Europa en el 2012 y complicaría la labor a un Del Bosque al que siempre se le ha reconocido su habilidad para manejar egos.

Reuniones conciliadoras

El seleccionador no pudo ocultar su preocupación tras la final de la Copa del Rey, cuando mostró su esperanza en que tanto fuego cruzado no afectara a los internacionales. Pese a que Del Bosque ha tratado de quitar importancia a un asunto que puede enturbiar el futuro de la selección, pocos minutos después del último clásico una emisora de radio aseguraba que se había producido una reunión con Casillas días antes para evaluar las consecuencias de lo sucedido durante los tres primeros Barça-Madrid. Incluso aventuraba que una de las primeras consecuencias sería que dos madridistas, habituales en en la selección, no entrarían en la próxima convocatoria de Del Bosque. Es decir, pese a sus palabras conciliadoras, el seleccionador sí está seriamente preocupado.

«Son cosas lógicas por la tensión de los partidos. Cada uno va a lo suyo», admitió Xavi el martes. Pedro apeló a la profesionalidad y quitó importancia a lo sucedido; el canario fue uno de los señalados después de que se llevara las manos a la cara para buscar la expulsión de Arbeloa -su compañero en la selección- durante el choque de ida de la Liga de Campeones. Xabi Alonso también puso paz: «Somos profesionales».

Todo empezó cuando el Barcelona ganó 5-0 al Real Madrid en la Liga. Aquel día Sergio Ramos, expulsado en los últimos minutos, se fue del campo con malos modos tras protagonizar varios empujones con Puyol y con Xavi. Pero la tensión se multiplicó en los últimos clásicos, donde jugadores blancos como Sergio Ramos y Arbeloa tuvieron varias reyertas con azulgranas como Piqué, Villa o Pedro. El vestuario blanco aireó una presunta mofa de Piqué por el adiós a la Liga de los blancos tras el partido que abrió la tetralogía de clásicos en el Bernabéu (1-1). Pero fue en el segundo episodio de la batalla, en la final de la Copa del Rey, cuando los ánimos se encendieron definitivamente. Una dura entrada a Villa y el posterior pisotón acabaron con el asturiano en el suelo y los madridistas Sergio Ramos y Arbeloa tratando de levantarlo de malas maneras. Una imagen para ilustrar el final del buen rollo, y quizá el principio de la fractura en el combinado español.

Villa y Casillas

Si enigmático estuvo Villa después del encuentro de ida de Champions, cuando respondió con un escueto «espero que no» a la pregunta de si las relaciones entre los internacionales se verían dañadas, más misterioso se mostró Casillas el martes. «Algunos ya han quedado retratados», afirmó el capitán del Madrid y de la selección.

No felicitar a su rival, como hizo Piqué con cada uno los madridistas tras el final de la Copa del Rey, y empeñarse en la monolítica teoría de la conspiración impuesta por Mourinho no ayudan a la reconciliación.

Solo el abrazo entre Arbeloa y Piqué tras el partido del martes abre una puerta a la esperanza de que el tiempo cure las heridas. Al menos así lo espera Del Bosque.