Amaneció con niebla en Lugo. El frío retrajo a los pescadores, que esperaron a que comenzara a escampar el día para acercarse hasta los múltiples cauces de la provincia. Los madrugadores tuvieron suerte, aunque el azar repartió boletos desiguales entre los aficionados a la caña. No se llenaron las cestas, pero aquellos que engancharon alguna trucha, disfrutaron del buen tamaño del ejemplar y de su lucha por salir del agua.
Dicen que el frío no alienta a las codiciadas presas. Baja temperatura en el ambiente y en el agua que, sobre todo en los cauces de montaña, aún se nutre de las últimas nieves que quedan en la zona de Os Ancares.
Los que se decidieron por la pesca de embalse, como en el tramo del Miño que se estanca en Portomarín por el salto de Belesar, se quejaron de muy escasas picadas. Algo a primera hora, y mimbres vacíos, tanto para comer como para cenar. En esa zona, José Luis Gómez, que iba con Rapala, no se estrenó, «por primera vez en muchos años». Un poco más de éxito para quienes se decidieron por la cucharilla.
Aguas arriba de Portomarín, en el tramo libre del Neira, ya próximo a su desembocadura, efectividad dispar. Alicia Méndez, de 76 años, y que probó con la tradicional miñoca, no sacó ningún triunfo. «Pero disfrutei», decía. En esa misma zona, Gumersindo Sangiao, de la misma edad, podía presumir de tres capturas, y una de alrededor del kilo de peso. La cucharilla sí resultó efectiva.
Un poco más abajo del Neira, el Ferreira también fluye hacia el Miño. En el lugar conocida como Cebres, la afluencia conforme avanzó la mañana fue in crescendo. Un lugar tomado por las familias, muchísimos niños probando a boya. Y también parrillas en las que humeaba el churrasco, y lo que cayese...