«Mi ilusión es llegar a MotoGP, pero tampoco tengo que obsesionarme»

José M. Fernández REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

Un campeón sin aristas, un adolescente que vive a toda velocidad y que, como todos los grandes del motociclismo, aprendió a andar prácticamente a la vez que a pilotar una moto. Ahora, con 17 años, Marc Márquez (Cervera, 17 de febrero de 1993) es el campeón del mundo más precoz de la historia del motociclismo español. Solo Capirossi, por unos días, logró un mundial a una edad más temprana. La próxima temporada se pasará a Moto2, un reto, un camino necesario antes de instalarse en MotoGP, la categoría reina, esa en la que se encontrará con los que hasta ayer eran sus ídolos. Rossi, Lorenzo, Pedrosa? Un aprendizaje al lado de Emilio Alzamora, campeón del mundo de 125 en 1999, y un entorno amable son algunas de las claves del triunfo del adolescente que nunca pierde la sonrisa, del nuevo prodigio del motociclismo español.

-Desde que ganó el Mundial, homenajes, entrevistas, recibimientos... si lo llega a saber a lo mejor hubiera esperado un poco.

-Sí, pero es un honor haber compartido momentos con todos los campeones, algo que solo podía ver en la tele hasta hace poco, o ser recibido en Cervera.

-Ganar el título de 125 era un sueño, pero con 17 años aún le quedan otros muchos.

-Quiero más, hay que ser ambicioso. De momento, disfruto de este título, pero ya toca trabajar para la próxima temporada en el nuevo proyecto en Moto2.

-Donde se le va a pedir que luche por la victoria.

-Tengo muchas ganas de probar. Seguro que el primer año me costará, con una moto diferente, que pesa más, de cuatro tiempos... Me costará. Igual voy rápido, pero mi objetivo inicial es hacer kilómetros, estar cerca de los de adelante y coger experiencia para el segundo año.

-Y a medio plazo, MotoGP.

-Está claro. Mi ilusión, como la de cualquier piloto, es llegar a MotoGP, pero tampoco tengo que obsesionarme. Debo seguir trabajando y si todo va bien algún día llegará, pero tampoco tengo mucha prisa.

-Nunca pierde la sonrisa, parece desenvolverse con absoluta normalidad en un mundo tan competitivo.

-Hay mucha rivalidad, pero si al final estás en un entorno familiar, en un equipo que te gusta y te ayuda, todo es más fácil. Te tienes que divertir, si no nunca serás rápido. Es lo más importante, además de estar por la faena, concentrado.

-¿Cómo es posible divertirse cuando uno se juega tanto o cuándo una caída puede apearlo del Mundial?

-Hay momentos para todo. Pero cuando vas rápido encima de la moto es porque estás disfrutando. Claro, a veces también sufres.

-¿Con qué momento de la temporada se queda?

-Uff, con todos... Cuando conseguí el título, el triunfo en Portugal después de sufrir tanto, la primera victoria en Mugello, el triunfo en Silverstone tras la pugna con Espargaró... Ahora lo repaso y me doy cuenta de que ha habido cosas bonitas para la afición.

-¿Lo ayuda el tener cerca a su padre, verlo sufrir en el paddock?

-Cuando estamos en el paddock yo hago mi camino, mi trabajo. A él le toca mirar y sufre como padre, pero cuando estoy allí, voy a mi rollo.

-Las motos parecen abstraerlo por completo, ¿no le queda tiempo para otras aficiones?

-Tengo solo 17 años, tampoco he tenido la oportunidad de hacer demasiadas cosas. Me gusta la bicicleta, los deportes de motor, el Scalextric...

-Pero se está perdiendo el hacer lo habitual para un chico de solamente 17 años.

-La mayor parte de mi vida la he dedicado a las motos. Está claro que no llevo una vida normal para un chico de mi edad; ya tendré tiempo de hacer otras cosas.

-Tiene que darse prisa en ganar títulos porque ya empuja un niño de 14 años que se llama Álex Márquez.

-Bueno, es mi hermano. Entrenamos juntos. Si se esfuerza, llegará. Aquí, si no das todo viene otro y te pasa por encima.

-¿Se imagina luchando con él como harán los Espargaró?

-Me haría ilusión. Cada uno es cada uno, pero si le puedo ayudar, como es mi hermano y nos llevamos muy bien, lo haré.