Veinte años del primer mundial de Carlos Sainz y Luis Moya con Toyota

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez REDACCIÓN/LA VOZ.

DEPORTES

El copiloto gallego recuerda cómo vivió el campeonato de ralis de 1990

23 oct 2010 . Actualizado a las 02:11 h.

Ni tan siquiera les hacía falta ganar en San Remo. Pero arriesgaron. Por su equipo, por Toyota. Carlos Sainz y su copiloto, el gallego Luis Moya, no lograron el triunfo aquel 18 de octubre de 1990 en el rali italiano. Fueron terceros. Toyota se quedó sin su mundial, a pesar de los intentos. Pero la pareja Sainz-Moya logró uno histórico para España: el primer título. Dos años después llegó otro, también a bordo de un Celica. Pero no fue lo mismo.

Cuando se han cumplido veinte años del primer Mundial de Ralis para España, el gallego que lo consiguió recuerda para La Voz todos los detalles de aquel momento. «Pues en ese instante sentí felicidad, y nada más. El cuerpo no me cambió, por decirlo de alguna manera. Pero cuando llegué a España sí nos dimos cuenta los dos de la trascendencia de lo conseguido por toda aquella gente que nos estaba esperando; por todos los coches y motos que nos acompañaron desde el aeropuerto hasta la plaza Mayor de Madrid», dice Luis Moya.

Preparación física

El gallego se jacta de formar parte de la primera pareja de competidores en ralis profesional al 100%. «Fuimos pioneros en la preparación física en los ralis», recuerda. También en su memoria, los hitos del año 1990: «Era nuestro primer mundial completo y aún así, ganamos en Grecia y en Nueva Zelanda y, sobre todo, fuimos los primeros no escandinavos en ganar los Mil Lagos, y también vencimos en el RAC de Gran Bretaña, dos ralis míticos». «Es que ya se veía venir», concluye rotundo.

De este modo, Luis Moya pasó de admirador a admirado. «Más que algo histórico, para mí aquel éxito fue todo un orgullo. Es muy agradable que la gente te reconozca. Suscribo lo que decía Camilo José Cela: «Cuando alguien me pide un autógrafo, me hace un homenaje», relata.

Aquel campeonato, de hace veinte años, situó a Moya y a Sainz a la altura de mitos como Vatanen, McRae, Makinen y Kankkunen. También parecía inevitable, a tenor de las palabras del coruñés. «Cuando conocí a Carlos, me di cuenta de que no pararíamos hasta ganar un mundial. Lo logramos rápido y eso nos sirvió para quitarnos pronto la presión», describe. «Aunque eso no nos quitó nuestra adicción a la victoria», bromea.

Una gran puesta a punto

Además de aquel campeonato y las victorias que más tarde llegaron, destaca la meritoria puesta a punto que la pareja hacía de todos los coches que manejaron. Entre ellos, el Toyota Celica, con el que lograron sus dos mundiales.

Dos décadas después, el primer título mundial de ralis para un gallego permanece fresco en la memoria. Como el primer día.