Obligado a reinventarse por segunda vez en el plazo de un año, el club tardó apenas mes y medio en construir el equipo con el que intentará retornar a la ACB
19 sep 2010 . Actualizado a las 17:46 h.Durante años, del Obradoiro poco más había que unos rescoldos en espera de una resolución judicial que avivase el fuego. En el verano del 2009, el club y el equipo se construyeron en tiempo récord para irrumpir en la ACB. De aquella singladura poco más quedó que la recuperación de la afición. En el verano del 2010, con nuevos gestores, la entidad ha vuelto a confeccionar un plantel en tiempo récord.
Chete Pazo, director gerente y encargado de gestionar los fichajes, explica que su primera reunión, después de incorporarse al proyecto el 1 de agosto, fue con Moncho Fernández. Ahí ya quedó encarrilada su contratación, aunque tardó días en concretarse. Después arribaron sus ayudantes, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez, además del preparador físico, Óscar Viana.
Superado ese capítulo, llegó el turno de la confección de la plantilla. Pazo y Fernández empezaron por diseñar los perfiles buscados para cada puesto y trazaron algunas líneas filosóficas. En la medida de lo posible querían una plantilla integrada por españoles y angloparlantes, sin demasiadas mezclas, sin recurrir al mercado de las repúblicas Bálticas, Rusia, los Balcanes, Grecia, Francia o Brasil.
Como premisa innegociable, solo querían jugadores seducidos y comprometidos con el proyecto que les ofrecía el Obradoiro. Y, para empezar a fichar, pensaron antes que nada en los jugadores que podrían interesar del año anterior. Había tres nombres sobre la mesa. El Obra echó el resto para intentar firmar a Stanic, pero llegó un par de días tarde porque ya tenía prácticamente apalabrado un acuerdo con el Valladolid. Alfonso Sánchez prefirió encontrar acomodo en la ACB. Y con Tuky Bulfoni no había dudas: el club lo quería y él quería venir. Las diferencias económicas se sortearon.
Para el puesto de base Moncho Fernández prentendía un director de pista y buen defensor, un jugador de referencia. Con el mercado nacional muy trillado, el Obradoiro decidió buscar un comunitario o un extracomunitario. Y, después de ver algunos vídeos de Andrés Rodríguez, no hubo dudas. El puertorriqueño tiene el valor añadido de hablar perfectamente el español y el inglés. Sabe lo que es ganar la Liga en Ucrania y Polonia. Tiene ascendencia gallega y en el futuro puede conseguir la doble nacionalidad. Esa expectativa ha sido determinante para que aceptase la oferta, ya que podría ganar más dinero en otros destinos.
Con Eric Sánchez y Nguema, que puede jugar como base o como escolta, el acuerdo fue relativamente rápido. En el primer caso, la única complicación estuvo en lo que tardó en desvincularse del Tenerife. En el segundo, no hubo mayor problema para el entendimiento con el Estudiantes, titular de los derechos deportivos del jugador.
Perímetro
Para el perímetro, una vez asegurada la continuidad de Bulfoni, el club tardó poco en firmar a Corbacho y Feliú. Ninguno dudó en dar el sí. Corbacho cubrirá la función de tirador y Feliú la de un alero polivalente y con buena mano, capaz de lanzar de tres o de moverse en el poste bajo.
Con Washington fue necesario esperar. A Moncho Fernández le gustaron los vídeos porque se ajustaba al perfil de un alero atlético, veloz y presto para ayudar en defensa. El jugador no se decidió hasta terminar la liga de verano de Detroit.
Con Kendall tampoco hubo dudas, después de ver en vídeo como defendió a Splitter ante Brasil y a Kleiza en la Euroliga. El canadiense con pasaporte irlandés quería darse a conocer en España y cuando dos quieren la negociación se allana.
Hopkins fue una petición expresa de Moncho López y Oriol Junyent, que venía de brillar en el CAI Zaragoza, respondía a las necesidades del club.
El cuarto pívot dio más quebraderos de cabeza. Chris Moss prentendía más dinero, no acababa de verlo claro y fue descartado. Con Ruffin estaba casi todo hecho, pero el jugador, que se recupera de una lesión, se autodescartó en el último momento. Y así apareció la opción de Baston, con ganas de reivindicarse tras año y medio de ostracismo.