Los controles antidopaje no son ninguna novedad para Javier Gómez Noya. Forma parte del programa ADAMS de la Agencia Mundial Antidopaje, que obliga a los deportistas a comunicar con antelación su localización durante los 365 días del año para estar disponibles al menos una hora por jornada para una posible toma de muestras. «Es un poco coñazo por si te despistas al cambiar de planes y no los comunicas, porque te puedes meter en un problema. Pero estar controlados es mejor para todos. No lo veo mal», explica el ferrolano con resignación.
Durante su etapa de entrenamientos en invierno en Australia, pese a no estar compitiendo, pasó ya un par de controles. Los exámenes se sucedieron más durante los nueve días que pasaron entre la víspera de la prueba de Hamburgo del Campeonato del Mundo y la conclusión de la de Londres. «Fueron cuatro controles de sangre y dos de orina muy seguidos», explica sobre un ritual que puede llegar a ser molesto.
Como apenas compitió en primavera, Gómez Noya se recuperó pronto de los esfuerzos de Hamburgo y Londres. «Creo que llego con el depósito lleno al final de temporada», explica. De vuelta en Pontevedra, esta semana toca una planificación más volcada en la intensidad que en la cantidad del trabajo. Antes de correr en A Coruña completará 25 kilómetros a nado, 280 sobre la bicicleta y 90 de carrera a pie. Tras la Copa del Rey, que girará alrededor del dique y el paseo marítimo, volverá a la rutina. El jueves día 12 viajará a Kitzbühel. En Austria afrontará una cita decisiva para hacerse con el Campeonato del Mundo. Un buen resultado le podría hacer depender solo de sí mismo para ganar el título en la gran final de Budapest, el 12 de septiembre.