Michu abrió el marcador en la primera jugada sin que el rival llegase a entrar en contacto con el balón
09 may 2010 . Actualizado a las 18:26 h.El Celta ha dejado medio resuelto su problema en siete días. Por fin ha encadenado dos victorias como local y la permanencia está más cerca que nunca. El Girona cayó por el libro del pragmatismo. Jugada para enmarcar cuando el balón se puso en movimiento y sentencia de Trashorras cuando la incertidumbre del resultado acechaba en Balaídos. El gol de los catalanes simplemente afea la estadística. Los vigueses despreciaron un buen día para darse un festín.
Lo mejor del partido fueron los 30 segundos iniciales. Saque de centro, apertura de Michu a la banda izquierda para Roberto Lago, centro del lateral izquierdo, dejada de Trashorras y gol de ovetense. Así de fácil. Una jugada, sin que el rival hubiera tocado el balón, puso al Celta por delante.
Mejor inicio imposible. El salvoconducto para una buena parte del triunfo y quizás de goles. Pero nada de eso. Aunque la zaga del Girona hacía agua con suma facilidad en las prolongaciones de Oriol y en las internadas de Dani Abalo, el Celta apenas creó peligro real en el resto del acto inicial a excepción de un postrero golpe franco de Trashorras que desvió Jorquera. Los vigueses se dejaron llevar en un partido insulso, con intercambio de golpes en el medio campo, y pecando de falta determinación -la palabra preferida de Eusebio- en sus llegadas la área. Dani se para demasiado y Oriol necesita una marcha más.
Y ante la falta de eficacia las maniobras de aproximación del cuadro catalán terminaron por meter el miedo en el cuerpo a Balaídos. El Girona comenzó primero a llegar a los dominios de Falcón y, cosas del destino, en el minuto 45 elaboró la misma jugada que le dio el gol al Celta. La única diferencia fue que Dorta disparó fuera.
El segundo tiempo nació descosido, con errónea interpretación del contragolpe por parte de ambos equipos. El Girona tenía prisa y se precipitada. El Celta, parecía que también. Eso sí, transmitiendo siempre la sensación de consistencia defensiva.
En plena refriega un eslalon de Dani Abalo pudo dar la puntilla, pero el egoísmo le cegó en la línea de fondo con tres compañeros esperando el pase. Más tarde fue Aspas, ya en el campo, quien mandó al limbo un excelente servicio de Trashorras.
Esa sensación de tranquilidad todavía aumentó hacia la recta final, cuando los vigueses decidieron dar un paso adelante para controlar la contienda desde el medio campo. La apuesta salió redonda porque a falta de ocho minutos Trashorras cortó de raíz cualquier posibilidad de sorpresa colocando un rechace en la escuadra gerundense. Aspas había fabricado la jugada.
Claro que el Celta no entiende el triunfo sin sufrimiento ni por dos goles de diferencia. Y aunque tuvo el balón y llegadas suficientes para enterrar la contienda, fue el Girona quien metió el miedo en el cuerpo en plena prolongación con un gol de Peragón sin oposición dentro del área pequeña.
La incertidumbre duró un minuto y la salvación está a la vuelta de la esquina.