«Yo no puedo hacer frente a un par de veinteañeros»

P.?G.

DEPORTES

27 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La voz de Julio Otero estaba ayer por la tarde lastrada por la tristeza, tras medio siglo viviendo para el fútbol aficionado coruñés. El presidente del Vioño experimentó la cara más amarga del deporte, la que nunca antes había presenciado. «Jugué hasta los treinta y tres años y desde entonces nunca estuve apartado del fútbol, pero nunca me había pasado nada parecido; me causa mucho dolor», recordaba Otero.

«La afición ya estaba calentando el partido y los jugadores ya habían tenido gestos feos, y la verdad es que yo no entiendo que alguien vaya a pasar el domingo por la tarde a la Torre para acabar a golpes o a insultos. Yo no entiendo nada de nada», afirma.

El presidente del Vioño asegura que siempre ha querido potenciar el juego limpio en las categorías de fútbol aficionado y que ha predicado con el ejemplo. «Cuando me pegaron, vinieron mis jugadores corriendo, pero yo les frené porque creo que si se produce una batalla campal todos salimos perjudicados», argumenta.

Del momento en que fue agredido, Julio Otero recuerda que recriminó al jugador del Sin Querer que patease el balón para perder tiempo. «Después, me encararon él y otro más... empezaron a insultarme y yo, con setenta años, no puedo hacer frente a un par de veinteañeros. Retrocedí un poco y, en ese momento, otro me dio un golpe en la cara por detrás, me dio de lleno, me caí al suelo», relata.

«Voy a proponer a los presidentes de otros clubes modestos que no fichen a los jugadores violentos, que no puedan jugar al fútbol si no aman el deporte», asegura.

Otero insiste en que, a lo largo de toda su trayectoria vinculada al deporte, ha intentado cortar de raíz cualquier episodio de violencia, incluso entre sus allegados más próximos. «A mi propio yerno le eché del campo por increpar en pleno partido de mi nieto», ejemplifica. «En el Vioño avisamos mucho a los nuestros, que eviten esto. Incluso para el partido contra el Sin Querer, dejamos de convocar a uno de nuestros jugadores por si se podía generar un problema y resulta que después el lío lo montan estos chavales», añade.

«Lo peor es que a los agresores no les hacen nada, las sanciones no surten efecto, tenían que sacarlos del fútbol», lamenta el veterano dirigente.