Un Lugo sin fútbol recuperó el gol

Marcos Pichel

CDLUGO

26 abr 2010 . Actualizado a las 11:58 h.

El fútbol de final de temporada, cuando no queda muy claro que los contendientes se jueguen algo más que la honra del triunfo, baja de categoría. Cuando la frontera entre el cansancio, la falta de ideas, y quizás de ganas, se difuminan. Y, sin embargo, cómo definir un duelo en el que los goles caen como del aire, casi sin esfuerzo; en el que el empate parecía lo más lógico, por el empeño de unos y otros. El Lugo venció por goleada porque aprovechó las facilidades que dio el Barakaldo en el momento que más atacaba. Tres puntos más para los rojiblancos, a los que la victoria del Pontevedra aleja de la Copa, pese a tenerla a la misma distancia de cuatro puntos.

A pesar de que fue despedido con aplausos, el Lugo provocó más voces críticas y pitos que nunca. Más que nada, porque se transmitía una cierta apatía, pero no sólo por los rojiblancos, también por su adversario gualdinegro. Sólo creaban los de Setién si conseguían mover el cuero con rapidez, algo que se vio con cuentagotas.

Las protestas se centraron también en el árbitro, que mostró una rapidez inusual al sacar las cartulinas del bolsillo: el encuentro acabó con diez tarjetas y un expulsado (por el Barakaldo, al cortar al borde del área una contra de Arroyo) y sin embargo, nadie será capaz de recordar una sola acción de fútbol alevoso o marrullero.

Más efectividad que juego

En el Ángel Carro se pudo gozar de más goles que juego, más llegada que elaboración, la mayoría, en la segunda mitad (salvo el tanto inicial de Maikel). Los porteros apenas tuvieron que intervenir. El Lugo se vio con el partido ganado cuando Poratti, en el minuto 55, conseguía el 2-0 tras un pase de Antas. Sin embargo, se relajó en exceso y permitió que el Barakaldo, en dos acciones seguidas (una falta mal defendida y un zapatazo imparable desde 25 metros, minutos 74 y 79), se le subiera a las barbas con el inesperado empate.

Pero los vascos cometieron el error de volcarse a por el tercero y desguarnecieron su defensa, dejándola a merced de los contragolpes locales. Entonces, apareció Sergio que, aun sin confianza, mandó a la red el 3-2 tras un córner (con anterioridad había dudado en una ocasión franca). El 4-2 definitivo lo firmó de nuevo Mauro, que se aprovechó de un error en el despeje del guardameta Serantes.