El equipo coruñés añadió otro lesionado a su larga lista, Piscu, que se fracturó la clavícula al caerle Villa encima
25 abr 2010 . Actualizado a las 16:12 h.Enemigos para siempre, separados por un abismo de 11 metros desde 1994, los duelos entre Dépor y Valencia suelen ser de altísimo voltaje. Nada que ver con lo visto ayer en Mestalla: un partido plano de fútbol y sin más emoción que saber si los locales, los únicos que buscaron la victoria, ganarían por uno o por dos. Fue por uno. Decidió un penalti, como en 1994 (aunque esta vez entró), un partido en el que se vio a un equipo coruñés melancólico, que pareció dar por buena una derrota digna, y a un Valencia poco inspirado en ataque.
De entrada, el Dépor adelantó la defensa, se juntó mucho y basculó bien: acomodado en un 4-4-2 se reunió en una franja de veinte metros. Fue en ese arranque un equipo corto, que solo se estiró cuando Riki buscó el desmarque y el remate (hizo un par), pues Adrián, el otro punta, empieza bien las jugadas pero las suele acabar mal. En contraste, el Valencia fue un equipo largo, que dejó muchos metros entre su defensa y la línea de tres mediapuntas (Joaquín, Silva y Vicente) y Villa. Los locales empezaron atacando con parsimonia. Al Valencia se le veía venir, especialmente Piscu, imperial en el eje de la defensa. Así pasó media hora. El Dépor disfrutaba de una plácida noche hasta que Zé Castro metió la pata; para ser más precisos, la mano en el minuto 33. Fue a un disparo de Vicente a la salida de un córner. Villa, que a los cuatro minutos había dilapidado con un disparo demasiado cruzado otro regalo de Zé Castro, se redimió facturando el penalti a las mallas.
Tras el tanto, el Valencia dio unos pasos atrás y apostó por la contra, especialidad de la casa che. El Dépor pasó a manejar el partido, pero sin profundidad y con lentitud, imitando lo que los locales habían hecho en la primera media hora, y o creó ni una ocasión en ese tramo final. El partido, que ya tenía poco azúcar, pasó a saber a sacarina. Tan aburrido estaba que el árbitro pitó el intermedio diez segundos antes del minuto 45. Rectificó, mandó seguir y en ese tiempo añadido llegó la lesión de Piscu, al que se le salió la clavícula cuando Villa le cayó desde el cielo. De canterano a canterano: lo relevó Rochela.
Una vez comprobado que este Dépor mutilado por las bajas (que afectan incluso hasta a los suplentes) poco tenía que decir, el Valencia se fue a por el segundo tanto según el árbitro dio por iniciado el acto final. Lo evitó Aranzubia, que se anotó uno de esos mano a pie que Villa siempre gana. Después merodeó el área, pero la defensa deportivista se supo anticipar a sus atacantes. Centrado en defenderse ordenadamente, el Dépor llegaba aún menos que en la primera mitad, en parte porque Riki se aburrió de tanta soledad. Lotina sustituyó al madrileño por Lassad, que al menos esta vez dejó gotas de talento. Pero el equipo coruñés le siguió costando llegar. Su ocasión más clara fue un rebote que cayó a los pies de Pablo Álvarez, que la envió a la grada (min 69) desde el borde del área chica. Por el asturiano entró Mista, que se llevó una ovación como nunca ha escuchado en Riazor.