Cuando todas las miradas estaban puestas en el pulso Real Madrid-Barcelona y la Liga no parecía tener otro punto de interés, el desahuciado Valladolid echó mano de un clavo ardiendo que nunca deja indiferente: Javier Clemente Lázaro (Baracaldo, 1950). El fútbol español ha convertido al ex seleccionador nacional (y ganador de dos Ligas, una Copa y una Supercopa) en un apagafuegos. El vasco no defrauda.
Sin necesidad de dar un golpe en la mesa, el Rubio de Baracaldo llenó el vestuario pucelano de carisma y raza. También tuvo que aportar algo de profesionalidad, según sus propias palabras. Resultado: un empate ante el Tenerife (0-0, rival directo) y una victoria frente al Sevilla (uno de los gallitos, 2-1). Suficiente para infundir miedo en su visita a La Rosaleda (hoy a las cinco de la tarde, retransmitido por los canales de pago por visión).
El Málaga teme por sí mismo. Ocupa el primer puesto de la salvación, a solo cuatro puntos de los vallisoletanos. Una derrota malagueña, relanzaría al equipo de Clemente. El vasco ya salvó al Athletic en el final de la 2005-2006 a golpe de autoestima.