Cuando a Lotina le ha tocado enfrentarse con Lafita y Verdú, los dos máximos goleadores ligueros del Dépor la pasada temporada, ha dicho que los echaba de menos «como personas», pero ha añadido que decir que también los añoraba como futbolistas supondría «una falta de respeto para los jugadores que están aquí».
Pero hay un hecho evidente y es que el Deportivo ha perdido fútbol sin estos dos jugadores, y veladamente el técnico lo ha admitido en alguna rueda de prensa. Lotina asumió ambas marchas como inevitables, pues (más allá de sus malas maneras) el Zaragoza tenía derecho a recomprar a Lafita y la oferta que el Espanyol realizó a Verdú era inalcanzable para las posibilidades económicas de la entidad coruñesa. Es cierto que el club no contaba con medios para mantener a estos dos jugadores, pero sí tenía la posibilidad de sustituirlos por otros.
Lotina confió en que llegarían sendos relevos para el maño y el catalán, pero la plantilla no se reforzó en esos puestos, sino que vino un mediocentro (Juca) en lugar de De Guzmán y se incorporó un suplente para Filipe, puesto que estaba vacante la pasada temporada.
Los jugadores destinados a sustituir a Lafita y Verdú acabaron en clubes como Osasuna, que se llevó a Camuñas, una de las peticiones de Lotina.
Ante la falta de refuerzos para suplir esas marchas, el club parecía anunciar que el desmantelamiento de la plantilla había comenzado, y que los refuerzos solo llegarían en forma de chollo económico o canterano.
Lo ocurrido tras la lesión de Filipe incrementó la preocupación del cuerpo técnico. El técnico vizcaíno dijo en público que sería «muy problemático» jugar el resto de la temporada sin un lateral zurdo. El Deportivo se interesó por el vasco Del Horno, ofrecido por el Valencia a muy bajo coste, pero el Valladolid le ganó la partida, en gran parte porque el club blanquiazul no podía (ni puede aún) inscribir jugadores en la LFP debido a la deuda que mantiene con el Mallorca por el fichaje de Luque.