El Celta roza las cien tarjetas, con una media de cinco por partido

J. Villar

VIGO

El Levante es el único equipo de Segunda División que ha recibido más cartulinas que los celestes

18 ene 2010 . Actualizado a las 02:12 h.

La expulsión de Iago Aspas ante la Real Sociedad ha reabierto un viejo debate sobre hasta donde deben llegar los árbitros y las reglas del juego para evitar que detalles fuera del juego, que actos más relacionados con la indisciplina, rompan la dinámica de un partido de fútbol en el que hay tanto en juego.

De esto se quejaba Eusebio tras el partido del sábado en Balaídos. El técnico se quejaba de que hay árbitros que no interpretan lo que sucede en el terreno de juego, pero seguramente habría que ir más allá y cambiar el reglamento para evitar que una chiquillada como la de Aspas perjudique los intereses de un equipo, en este caso el Celta.

El Celta es el segundo equipo más amonestado de Segunda División tras haber superado este fin de semana el centenar de tarjetas (92 amarillas y una roja directa) en apenas veinte jornadas de liga, lo que ofrece una media de cinco por partido. Únicamente el Levante ha recibido más cartulinas que los celestes.

De ese casi centenar de amonestaciones, una quinta parte están relacionadas con aspectos no relacionados directamente con el juego. La mayoría son por derribar a un contrario (49) o por agarrar al rival (15). Hay otras dos por juego peligroso: una plancha de Catalá en Córdoba y una acción en la que Michu levanta el codo a la altura de la cabeza del contrario en Cartagena y que supuso su expulsión pues era la segunda amarilla.

Pero las otras 17 amarillas recibidas por los jugadores vigueses no tiene que ver con acciones de juego, sino que están más relacionadas con la indisciplina.

Gestos de desaprobación

La palma se la llevan las protestas, con nueve amonestaciones (Noguerol en dos ocasiones, Aspas en tres, Falcón en dos, Garai y Joselu). Llama la atención que en el caso de Noguerol se trata del jugador que lleva el brazalete de capitán. En dos casos el colegiado dice que se trata más que de protestas, de «gestos de desaprobación a una decisión suya». Es como si uno, dentro de la calentura y la tensión de un partido, no pudiese ni siquiera gesticular.

Otras seis tarjetas amarillas son por infringir determinadas reglas del juego, como ocurrió en la que provocó la segunda amarilla de Aspas el pasado sábado, al sacar una falta antes de que pitase el árbitro después de haber solicitado la distancia reglamentaria de la barrera. Otras tienen que ver con moverse de la barrera antes de tiempo o con desobedecer una instrucción del colegiado.

Hay otro capítulo que es el de las pérdidas de tiempo, normalmente al desplazar un balón de la posición en que debería sacarse una falta, que alcanza las siete amonestaciones.

Hay tres cartulinas amarillas por simular una falta o un penalti, y en este apartado destaca Botelho, que se llevó dos de ellas. La otra fue Michu.

Y por última hay una tarjeta especial que le enseñó el colegiado a Aarón Ñíguez contra el Albacete, «por discutir con un rival», según había puesto en el acta. Parece un poco exagerado, que sea necesario amonestar por un hecho así, sin que medie ningún tipo de agresión o algo por el estilo.

Todas estas tarjetas no relaciones con acciones del juego, e incluso otras que sí se producen durante el juego pero que no alcanzarían la categoría de tarjeta, son las que piden que desaparezcan los que defienden la tesis de no perjudicar el espectáculo, como es Eusebio.

En cualquier caso, el reglamento está ahí, y mientras no lo cambien los jugadores deberían controlarse más.