Adrián está harto de ser el hijo de Míchel y se irá cedido

DEPORTES

03 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El getafense Adrián González (Madrid, 1988) ya no puede más. Con dieciséis partidos en Primera División en dos temporadas, cree que ha llegado el momento de volar alto. Y la sombra de su padre (el histórico interior diestro madridista Míchel y actual entrenador del Getafe, y de Adrián) es demasiado alargada. A pesar de que el joven expresó su voluntad de despegarse futbolísticamente de su progenitor, ha entrado en la convocatoria de hoy contra el Valladolid. El presidente del club, Ángel Torres, ha tenido que mediar salomónicamente: Adrián se irá cedido. Por su bien.

Buena parte de la grada del Coliseum Alfonso Pérez opina que su zurdo jugador viste la camiseta azulona por obra y gracia de su papá y entrenador. Son los que antes le abucheaban y ahora incluso se ríen de él. O de ambos. Sin embargo, Torres ya anunció que (salvo discrepancias graves) Michel seguirá mucho tiempo en el banquillo getafense.

Adrián es un centrocampista que cae a la izquierda y cuya habilidad con el balón es notable, pero en sus comienzos como deportista profesional tampoco ha destapado las esperanzas de convertirse en una futura estrella del balón. Y ante la duda, opina Jordi Cruyff (otro hijo de famoso), el aficionado español carga contra el jovenzuelo.

Formado en las categorías inferiores del Real Madrid, en las que su padre también llegó a ocupar un cargo de responsabilidad y relevancia, Adrián González militaba en el Castilla cuando, a principios de la temporada 2007-2008 decidió irse cedido al Celta por consejo del club y de su entrenador de entonces, es decir, su padre. «Vine para aprender y el aprendizaje ya se acabó», dijo al despedirse. En Vigo aguantó hasta el mercado invernal, cuando pasó al Nástic de Tarragona. Medio año después, el Getafe se hizo con él y con su padre (probablemente en el orden inverso) y desde entonces, dice, carga con la cruz de ser el hijo de Míchel. Así, pasó del «el Getafe es el club perfecto para un joven y mi padre puede darme buenos consejos», al «estoy cansado de ser el hijo de Míchel, siempre que se habla de mí se utiliza esta expresión». «Esto no es bueno para mí ni para él. Y él no va a arriesgar su puesto de trabajo para favorecer a alguien», zanjó.