Los partidos del Rosalía son como una caja de sorpresas y tienen el valor añadido de lo inesperado. Uno se puede desesperar con pérdidas de balón inexplicables o con acciones defensivas contemplativas. Y en el mismo cuarto puede vibrar con triples estratosféricos de Kangas o una racha racial forjada en la retaguardia.
Así se explica un duelo como el de ayer, que se movió en el tobogán. Mientras se jugó en el pabellón del instituto, hubo intercambio de canastas, con protagonismo ofensivo casi exclusivo de Matalí en los visitantes y Vereen y en los locales.
Ya en Santa Isabel, Matalí desapareció del quinteto. Y su equipo no pareció acusarlo, porque con el cambio de escenario ganó en producción ofensiva. Encontró más equilibrio entre el juego exterior y el interior, ahora con la presencia de Wolfram
De vuelta de los vestuarios los colegiales apretaron los dientes en defensa y empezaron a recortar. Equilibraron la contienda en el tercer cuarto y apuntillaron en el último, apoyándose en la tripleta Legasa (puntos y rebotes), Vereen y Kangas, que anotó los últimos cinco puntos, incluyendo un triple decisivo con el marcador 74-75. Como decisivo fue el de De la Fuente para romper el empate a 69.