Varios deportistas gallegos han vivido situaciones muy extrañas con los repentinos controles antidopaje
09 nov 2009 . Actualizado a las 11:30 h.El mundo del deporte autonómico y nacional contuvo la risa antes de indignarse al conocer el último control antidopaje al que fue sometido el ciclista Óscar Pereiro. Los enviados de la UCI acudieron a una céntrica cervecería de Santiago de Compostela para tomarle unas muestras de sangre y orina, lo que produjo una situación esperpéntica en el local y el enfado del damnificado, que lleva meses sin correr ni ha anunciado competición para el futuro.
Pero Óscar Pereiro no está solo en cuanto a situaciones rocambolescas con los vampiros, si bien para él no es el primer episodio ridículo con los controladores. En julio del 2007, cuando el ciclista volaba a Londres, desde donde ese año comenzaba el Tour de Francia, su mujer, María, recibía en el domicilio gallego la visita del médico de la UCI que acudía a extraer sangre de su marido.
El piragüista olímpico David Cal vivió una situación curiosa en el 2003. Entones, jugaba un partido de fútbol con unos amigos mientras su móvil descansaba desconectado en su bolsa de deportes. En mitad de la pachanga apareció un tío de David, que llegaba para avisarle de que debía pasar un control. Tres años después, cuando regresaba a Pontevedra de una concentración de Asturias con otros compañeros del equipo nacional de piragüismo, vio como la mitad de la expedición tuvo que dar la vuelta para someterse a los controles de rigor.
Volviendo al ciclismo, David García recuerda una ocasión en que, también en compañía de Óscar Pereiro, ambos tuvieron que donar su sangre y orina después de la Carreira do Pavo, una prueba benéfica navideña organizada por los propios ciclistas gallegos profesionales. David García reconoce que ese día, que debía ser una fiesta del deporte, se sintió como un fugitivo delante de sus amigos.
En otras ocasiones, el control sorpresa choca con otros compromisos extradeportivos. Gonzalo Rabuñal se había operado la clavícula y el codo y salía de su primera revisión médica. Lo esperaban en fisioterapia y también en los tribunales para acudir a un juicio en calidad de testigo. «Con el tema de la operación yo no había podido actualizar mi localización en el ADAMS (sistema informático de ubicación). El agente antidopaje se presentó en LA mutúa, cuyo director no autorizó que se realizara allí la extracción de sangre», recuerda. El controlador amenazó con poner en un informe que se negaba a pasar el análisis. Finalmente la UCI autorizó posponer el pinchazo.
Al marchador Santi Pérez los vampiros se le colaron una noche en su casa de San Cugat. Allí acudieron pasadas las diez de la noche, justo cuando el gallego ya había orinado. Pasaron las horas y la esposa de Santi acabó haciéndoles la cena a los agentes antidopaje. Al marchador le volvieron las ganas de orinar a la una y media de la mañana, hora a la que volvieron a quedarse solos.
En ocasiones, los agentes comprometen a los deportistas por negarse a recoger muestras. Le ocurrió al atleta Andrés Díaz en el 2003. Después de participar en un mitin de Roma, les dijo a los agentes que debía pasar el control porque era un requisito para acceder a una beca. Los italianos se negaron y el coruñés acabó orinando ante un médico en un lavabo del aeropuerto de Barajas.