El Pazo Universitario fue ayer escenario de una gratificante victoria del Breogán, la quinta del curso. Los aficionados celestes, con sed de venganza sobre la figura de Ciorciari, contemplaron con satisfacción cómo el Menorca, el tercer gallito que visitaba la pista de los lucenses, hincaba la rodilla de manera irremediable ante un Leche Río que sólo atravesó un momento de crisis en el arranque del tercer cuarto. Los locales se lanzan en pos de la parte alta y contemplan cómo los Ferraris de la competición, que no han brillado en sus actuaciones en Lugo, salen escaldados de la ciudad amurallada.
La tensión agazapó a los dos equipos en el inicio del choque. El respeto mutuo desembocó en una enconada lucha por controlar el ritmo de partido, aspecto en el que el Menorca perdió el ímpetu inaugural a las primeras de cambio. La mano de Betinho y el buen trabajo de Adrien proporcionaron la delantera al Leche Río. En la parcela ofensiva, los visitantes proponían canastas continuas desde las proximidades del aro.
Los celestes dieron un arreón en el tramo final del primer cuarto y, con un parcial de 10-0 a favor, se impulsaron con el viento de cola ante un Menorca que se ahogaba en su propio ralentí. Fue el prólogo de unos grandes minutos del Breogán, que en el segundo cuarto tuvo a su merced a un rival que desperdiciaba el oxígeno con continuas pérdidas de balón.
Pero, como había sucedido en anteriores ocasiones, el conjunto de Rubén Domínguez alcanzó el descanso con una menor ventaja de la que, por méritos, merecía (44-34). Los baleares reordenaron las ideas tras el paso por los vestuarios y, aprovechando el naufragio de capitaneado por Adrien en el inicio del tercer cuarto, enjugaron la desventaja en apenas tres minutos.
Estocada
Pero todo se quedó en agua de borrajas. Después de que el Menorca tomase la delantera con un triple de Sabaté (50-51), los visitantes desaparecieron del parqué. El Breogán se adueñó por completo del encuentro y ofreció una lección de consistencia ante un adversario que se empeñaba en practicar el uno contra cinco en ataque.
Sólo Cuthbert y Turner parecían oponer resistencia en la escuadra de Paco Olmos. Pero ambos tuvieron que claudicar ante un Leche Río al que el graderío inyectó fe en los momentos de duda. Y los rectores celestes, por lo visto ayer, felices por que Umeh no fichase en Lugo.