Un triple en el último segundo de Nacho Ordín puso la guinda a una nueva velada seductora a orillas del Miño. El Pazo Universitario volvió a vibrar con el Breogán y empieza a acostumbrarse a las alegrías. Los celestes, aparcados por una noche los malos inicios de encuentro protagonizados en jornadas precedentes, metieron la directa hacia la gloria para someter a un Melilla que cayó de forma incontestable en el coliseo celeste. La buena actividad atrás del Leche Río permitió sostener la renta durante un segundo tiempo en el que el goteo anotador de los norteafricanos fue insuficiente para noquear a un conjunto local lanzado en pos del triunfo. Ante otro de los favoritos de la LEB Oro, los de Rubén Domínguez sembraron la victoria más plácida del curso.
A pesar de que el Leche Río alcanzó el descanso con una renta de dieciocho puntos a favor, el baloncesto fue injusto con los locales. La actividad defensiva de los de Rubén Domínguez se mezcló con la total inoperancia ofensiva del Melilla para asfaltar una autopista hacia el triunfo de los lucenses. Sólo los errores desde la línea de tiros libres y en los lanzamientos de dos puntos impidieron al Breogán romper el choque en el primer acto.
Betinho y Jeff Xavier pusieron las alas a los celestes en el arranque del partido. Asentados sobre la pista, los lucenses agarraron al toro por los cuernos y se hicieron con el timón del compromiso desde el salto inicial.
El Melilla rozó el ridículo en el Pazo. Sólo Coppenrath, los chispazos de Robinson y la más que aceptable dirección de Jiménez mantuvieron el tenue pulso de los visitantes. La pobreza táctica del equipo que dirige Gonzalo García, el mismo que hundió al Burgos en el fondo de la tabla hace dos campañas, se vio agudizada por la gran actitud exhibida en el bando local.
Además, el Breogán está crecido y destila confianza. Cada acción ejecutada por los lucenses está cargada de una fe que remueve los cimientos de cualquier encuentro.
Sin respuesta
Los norteafricanos trataron de reaccionar tras el paso de vestuarios. Elevaron un punto la intensidad defensiva y comenzaron a martillear el aro del Breogán desde la pintura, paraje donde, por momentos, Coppenrath se hizo el amo y señor.
Sin embargo, los celestes gestionaron su colchón con solvencia. A pesar del atasco ofensivo que llegó después del descanso, la consistencia atrás permitió al Leche Río poner muy cuesta arriba una remontada visitante que jamás se produjo. El Breogán se merendó a una escuadra que vagó como alma en pena en Lugo y, de paso, elevó su comunión con las gradas.