Ritmo. Se ha convertido en la palabra de moda durante la presente semana cada vez que los integrantes del Breogán y del Cai han hecho referencia al encuentro que tendrá lugar esta noche, a partir de las 20.45 horas , en el Pazo Universitario. Mientras que los zaragozanos se han marcado el reto único de regresar al paraíso de la ACB, los lucenses contemplan una meta más próxima, el día a día. En el choque que marcará el primer contacto con la afición celeste, el Leche Río busca dar una alegría que palíe los sinsabores y decepciones protagonizados a lo largo de las campañas recientes.
Rubén Domínguez, entrenador del Breogán, confesaba anteayer que a su equipo le interesa «correr, anotar rápido y defender con agresividad». Un paisaje similar es el que José Luis Abós, técnico del Cai, quiere dibujar esta noche en el coliseo celeste: «La clave será el ritmo. Ellos mantienen la incógnita de si recuperarán a Ordín. De lo contrario, contarán con ocho efectivos. Queremos imprimir velocidad a nuestras acciones para que no puedan seguirnos». A tenor de lo que narran ambos directores de orquesta, los aficionados pueden crearse las expectativas de un duelo frenético y sin especulaciones. Verticalidad hacia el aro contrario cada vez que los errores alimenten al enemigo.
Precedentes
El Cai regresa al Pazo Universitario casi dos años después de su anterior comparecencia. Entonces sedó el ímpetu de un Breogán que atravesaba un momento dulce tras la consecución del título de la Copa Príncipe y que vio cómo el ciclón aragonés borraba de un plumazo sus aspiraciones de ascenso directo a la máxima categoría (59-84). Paolo Quinteros y Darren Phillip, que siguen vistiendo la camiseta rojilla, fueron entonces dos de los pilares del contundente conjunto maño.
Una de las asignaturas pendientes del Breogán de cara al debut delante de su afición radicará en dotar a su juego de una mayor continuidad que la ofrecida en Girona. Entonces, los celestes llegaron a navegar con 25 puntos de desventaja en el marcador y vieron cómo las opciones de triunfo se diluían en medio de un cóctel de mantequilla defensiva y ensalada de pérdidas de balón y mala selección de tiro.
«Necesitamos nuestra defensa para poder construir nuestro ataque. Cuanto más nos sacrificamos atrás, más rápido se reflejará adelante», receta el doctor Rubén Domínguez.