Los blancos apoyarán esta vez el deporte de los negros

DEPORTES

14 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Un presupuesto de más de cuatro mil millones de euros con un premio final: la cohesión racial de un país azotado por el racismo hasta mediados de los años noventa. Así se lo toman los organizadores de la Copa Confederaciones y del Mundial 2010.

Hasta hace catorce años, el deporte fue símbolo de división en Sudáfrica. Críquet aparte, el rugbi era para los blancos (vanidad afrikáner) y el fútbol para los negros (sin recursos para practicar otro deporte de equipo). A mayores, el país es doble campeón mundial con el balón ovalado y un fracaso absoluto con el esférico.

Pero el Mundial de rugbi de 1995 lo cambió todo. Un año después del fin oficial del apartheid, Nelson Mandela (primer presidente negro solo cinco años después de salir de la cárcel) entregaba la Copa al capitán de su selección y lograba que todos se sintiesen orgullosos de aquel equipo liderado por el estereotipo de blanco opresor François Pienaar y en el que el único negro, Chester Williams, se duchaba en el mismo vestuario que los blancos. Hoy, el mejor jugador de Sudáfrica es un negro: Bryan Habana. La hazaña será relatada en una película de Clint Eastwood protagonizada por Morgan Freeman que se estrenará a finales de este año.

Tres lustros más tarde, el deporte vuelve a ser herramienta de unión. El discurso parte en esta ocasión de Soweto, un gueto donde los negros se entregaron al fútbol y donde se construyó el primer estadio (Soccercity), pero se agolparon en los bares para ver a la selección de rugbi.

La realidad, sin embargo, está plagada de matices y las preferencias todavía se rigen en su mayoría por el color de la piel. Sudáfrica debe remar contra corriente y adaptar sus estadios para que pueda rodar el balón esférico. Un mínimo problema en un país de cuarenta y cuatro millones de habitantes donde el casi la mitad de la población debe sobrevivir con menos de dos euros al día, sin infraestructuras de transporte ni tecnología de comunicación social y con una media de cincuenta asesinatos al día.

El primer país africano en albergar un Mundial de fútbol debe utilizar disolvente para limpiar las marcas de sus estadios de rugbi de Johannesburgo, Pretoria y Bloemfontein, cortar el césped y modificar su publicidad, gradas y vestuarios; ha gastado cien millones de euros en seguridad y mil en autobuses y trenes.

Hoy, España jugará en Rustemburgo, ciudad de medio millón de habitantes donde se encuentran las dos minas de platino más grandes del mundo.