La afición llevó en volandas al Bergantiños en su regreso a Tercera

CARBALLO

09 jun 2009 . Actualizado a las 17:42 h.

La afición volvió a ser talismán en Carballo. Los aficionados llenaron casi como nunca el recinto municipal As Eiroas de colorido rojo y azul. Solo se recuerda un número superior en la final de la Copa da Costa entre el Bergantiños y el Dumbría. El conjunto carballés sabía lo mucho que se jugaba en los 90 minutos ante el gran equipo que demostró ser el Barbadás. Un gol de Jordi, el hombre del encuentro, cerró la clasificación de los futbolistas de Carlos Brizzola en su regreso a Tercera División. Habían perdido con orgullo en la ida por 3-2, pero supieron reponerse en la vuelta.

La grada, la cantina y todo el contorno del recinto de juego fueron un hervidero. No faltaron los cánticos, las camisetas rojas, los bombos, las trompetas y bocinas de los alumnos de la Escuela Luis Calvo Sanz. Ni los cláxones de las denominadas seis hormigoneras del ascenso de Horbesa. Y todo para lograr otra vez la vuelta a Tercera, como en la temporada 2001-2001.

Todos, jugadores y afición, se unieron en torno a un fin común, la ayuda al Bergantiños, un equipo al que se le entregaba un calor (pese a la lluvia, que iba y venía) desde la grada que no recordaba casi nadie. Fueron 90 minutos de «vivir, padecer e disfrutar», en palabras del alcalde, Evencio Ferrero, uno de los muchos aficionados que llenaron las gradas, igual que el diputado y concejal Alberto Sueiro.

Las presencias eran notorias, incluyendo a ex directivos que aportaron su grano de arena.

La lluvia, que comenzó al final de la primera parte y durante casi toda la segunda, no amilanó los ánimos. Si acaso, los de los chavales del Luis Calvo a los que le tocó jugar en el descanso. Los cánticos se escuchaban constantemente, la intensidad de la grada parecía traspasar la piel de los jugadores. Todo era un cúmulo de circunstancias que convertía a los carballeses en gacelas sobre la hierba de As Eiroas.

El silbido final del colegiado vigués Pérez Cabaleiro desató toda la tensión acumulada durante la larga semana y, sobre todo, en la propia jornada dominical.

Los propios jugadores mostraron su júbilo en el propio terreno de juego. Abrazos, felicitaciones, lágrimas, gritos de alegría y cánticos, más cánticos. Después hubo cava, las tradicionales duchas, el presi en volandas.... Y más tarde, la visita a la fuente de la plaza de la Cruz Rojas, el baño atemperado, los recorridos por las calles de la localidad, los vítores de vecinos, amigos y aficionados... Un día para recordar.